En la noche del 12 de junio, la reconocida periodista y ahora precandidata presidencial Vicky Dávila recibió una visita inesperada y alarmante en su apartamento en Bogotá.
El general Carlos Fernando Triana, director de la Policía Nacional, junto al coronel Joaquín Darío Medrano, director de Protección de la misma institución, llegaron con un mensaje contundente: existía un plan en marcha para asesinarla, presuntamente orquestado por el Clan del Golfo. La advertencia, que partió desde el más alto nivel del gobierno, incluido el presidente Gustavo Petro, desató una tormenta política y mediática.
¿Una amenaza real o una jugada política?
Según reveló Dávila al medio La Silla Vacía, la información fue tan detallada que las autoridades la consideraron creíble. De hecho, la Dirección Nacional de Inteligencia, según dijo el general Triana, recibió la alerta de una agencia internacional. El mensaje fue claro: era necesario reforzar su seguridad de forma urgente.
Este refuerzo se implementó con miembros de la Policía Nacional, diferenciándose del esquema que normalmente ofrece la UNP (Unidad Nacional de Protección). Dávila fue instruida a permanecer en casa y evitar exponerse, especialmente en ventanas o espacios abiertos. “La Policía se ha portado muy bien”, afirmó, aunque reconoció el fuerte impacto del aviso en medio de su agenda política.
La contradicción entre el discurso oficial y el político
La situación se torna aún más compleja por las contradicciones entre los mensajes privados del gobierno y las versiones públicas emitidas por actores políticos del petrismo. Días antes de la visita de Triana, Dávila había denunciado un supuesto atentado en su contra, atribuido a disidencias de las FARC comandadas por "Iván Mordisco", citando fuentes de inteligencia militar. Sin embargo, los nombres de los presuntos ejecutores mencionados por ella no coincidían con los datos oficiales y pertenecían a grupos distintos.
Horas después, el exalcalde de Medellín y precandidato del petrismo, Daniel Quintero, respondió desde la Casa de Nariño con una versión diametralmente opuesta. Aseguró que el ataque contra el también precandidato Miguel Uribe fue ideado por el Clan del Golfo en alianza con una “extrema derecha” extranjera, con el fin de desestabilizar al gobierno Petro. En esa narrativa, Dávila no era una víctima, sino una pieza clave de una supuesta conspiración.