La elección presidencial de 2026 entra este 25 de marzo en una etapa clave: la Registraduría sorteará el orden de los 14 candidatos en la tarjeta electoral de la primera vuelta, prevista para el 31 de mayo. Aunque a simple vista parezca un detalle menor, la ubicación en el tarjetón ha generado discusión en cada campaña, sobre todo por una pregunta recurrente: si aparecer de primero da una ventaja real frente a los demás aspirantes.
La respuesta corta es que puede ayudar, pero difícilmente decide una presidencial por sí sola. Precisamente por eso la ubicación no se deja al orden de inscripción ni a otro criterio discrecional, sino que se define mediante sorteo.
¿Por qué la Registraduría hace un sorteo?
La lógica detrás de ese mecanismo es simple. La propia Registraduría establece en su manual de inscripción que la posición en la tarjeta electoral debe definirse de manera aleatoria. La idea es evitar que una eventual ventaja visual o de recordación quede en manos de un solo candidato desde el comienzo.
No se trata de asumir que el primer lugar garantiza una victoria, sino de reconocer que incluso una ventaja pequeña debe repartirse con neutralidad. Si el orden puede influir, así sea de forma marginal, lo razonable es que el Estado no lo asigne de manera anticipada, sino que lo resuelva por azar y con reglas iguales para todos.
¿Qué dice la evidencia sobre el orden en el tarjetón?
Las investigaciones sobre comportamiento electoral sí han encontrado que aparecer primero puede producir un beneficio adicional en votos. Ese efecto, sin embargo, no opera igual en todas las elecciones ni con la misma intensidad en todos los contextos.
Estudios comparados han mostrado que los candidatos ubicados en la primera posición pueden recibir una ayuda extra, sobre todo cuando el votante tiene menos información, cuando la oferta electoral es más confusa o cuando la decisión se toma con menor nivel de atención. En esos escenarios, el orden de aparición puede influir más de lo que parece.