La discusión volvió a aparecer en plena carrera de 2026: Iván Cepeda y Paloma Valencia siguen ocupando una curul en el Senado mientras se mueven en el tablero presidencial. Y aunque en redes eso suele presentarse como una irregularidad, la regla general va en otra dirección: ser congresista no impide, por sí solo, aspirar a la Presidencia. El problema jurídico no está en conservar la curul, sino en cómo se arma la candidatura, por qué fuerza política se presenta y si en el camino se cruza o no la doble militancia. Hoy, incluso en comunicaciones oficiales, Cepeda aparece mencionado como senador y aspirante presidencial, mientras que Valencia figura a la vez como senadora y entre los precandidatos presidenciales de 2026 de su partido.
La Constitución no los saca de entrada
El punto de partida está en el artículo 197 de la Constitución, que enumera quiénes no pueden ser elegidos presidente. Ahí aparecen, entre otros, quienes ya ejercieron la Presidencia, quienes incurrieron en ciertas inhabilidades del artículo 179 y quienes, dentro del año anterior a la elección, ocuparon cargos como vicepresidente, ministro, gobernador o alcalde. En esa lista no aparece el cargo de congresista. Por eso, un senador no se encuentra inhabilitado para aspirar al cargo de Presidente de la República y que, revisada la legislación, no se evidenció una incompatibilidad expresa que le impida inscribirse como candidato a otro cargo de elección.
El enredo real está en el partido
Donde sí puede aparecer un problema serio es en la relación entre el congresista y la fuerza política que lo llevó al Capitolio. La Ley 1475 de 2011 prohíbe la doble militancia y señala dos reglas clave: quienes aspiren a cargos o corporaciones de elección popular no pueden apoyar candidatos distintos a los inscritos por el partido al que están afiliados; y quienes fueron elegidos por una colectividad, si quieren presentarse en la siguiente elección por otro partido o movimiento, deben renunciar a la curul al menos doce meses antes del primer día de inscripciones. En otras palabras, la barrera no es ser senador y aspirar al mismo tiempo, sino romper con el partido sin cumplir los tiempos o terminar jugando para una orilla distinta mientras todavía se conserva la investidura.