En el páramo de Guacheneque del municipio de Villapinzón (Cundinamarca) hay una cristalina y helada laguna sobre la cual dice la leyenda que hace siglos fue utilizada por indígenas para sus partos. Ese cuerpo de agua pura es el punto de nacimiento de uno de los ríos más contaminados del mundo, que ahora busca su recuperación: el río Bogotá.
Las condiciones óptimas de la laguna, rodeada de frailejones y la frescura del páramo, contrasta con el estado del río cuando finaliza su recorrido y desemboca en el río Magdalena, en el municipio de Girardot (Cundinamarca).
Al llegar al Magdalena, el río se encuentra vencido por la contaminación causada por las descargas de aguas industriales y domésticas recibidas en su recorrido de 347 kilómetros, por Bogotá y 46 municipios aledaños a la capital.
“Yo entrego 11 kilómetros de río puro potable que se desprende a 17 acueductos veredales, entre ellos cuatro municipales. Está sin contaminación. En ese recorrido no hay actividades mineras, ni de cultivos, ni de ganadería”, afirmó Vidal González a la Agencia Anadolu, un hombre conocido como el guardián del páramo de Guacheneque, que lleva 29 años como cuidador del nacimiento del río Bogotá.
[single-related post_id="1163727"]
Los 11 kilómetros de los que habla Vidal González son los únicos en los que el río permanece sin contaminación. “En este punto podemos tomarnos un vaso de agua y no nos va a pasar nada”, afirma.
El guardián pide protección para el páramo y a sus turistas les exige abstenerse de botar basuras, fumar o arrancar la vegetación de la zona.
“Toda esta vegetación es una bendición. Es el caso de los frailejones, los musgos, los líquenes. Todas esas plantas van absorbiendo el agua, y la van soltando poco a poco en el verano. Eso es lo que forma la laguna y los afluentes”, detalló González, de rostro rojizo curtido por el clima del páramo, ubicado a 3.200 metros de altura sobre el nivel del mar.
El río, al llegar a los municipios de Villapinzón y Chocontá, recibe las primeras descargas de agua de las actividades domésticas de sus pobladores y de las curtiembres que se encuentran en la zona. Nunca más el río vuelve a recuperar la pureza con la que nace en la laguna.
Luego, el río pasa por municipios con poblaciones de miles de personas como Chía (con 133.000 habitantes), Sopó (con 28.500), Cajicá (59.200) y Cota (32.000). Antes de tener contacto con Bogotá (7.200.000 habitantes), el río está afectado pero no presenta trazas marcadas de contaminantes. Sin embargo, al salir de la ciudad y del municipio de Soacha (900.000 de habitantes) su panorama es desolador.
[single-related post_id="1163519"]
Después de pasar por Soacha el río ha tenido que soportar las descargas de más de 8.000.000 de personas. Esto sin contar con la contaminación de las industrias y las toneladas de basura y escombros que aún llegan a su caudal, como inodoros, partes de carros o muebles. Incluso se han encontrado 19 cadáveres en su cauce desde 2013, cuatro de ellos hallados desde el pasado mes de octubre.
Al salir de Soacha, los parámetros fisicoquímicos del río son alarmantes. El oxígeno disuelto del río se encuentra en 3.8 miligramos por litro (mg/L) al llegar a la cascada del Salto del Tequendama.
El cauce recupera una pequeña cantidad de oxígeno hasta llegar a un indicador de 7.8 mg/L luego de su paso por el Salto del Tequendama, un respiro que en su cuenca baja se desvanece cuando el dato llega a los 0,6 mg/L.
El río llega a los bajos registros de oxígeno disuelto luego de recibir la descarga de afluentes contaminados que ocasionan prácticamente su muerte, según parámetros establecidos por la Corporación Autónoma Regional (CAR) de Cundinamarca, que en conjunto con autoridades locales buscan su recuperación.
Así avanza el plan para descontaminar el río Bogotá
En el páramo de Guacheneque del municipio de Villapinzón (Cundinamarca) hay una cristalina y helada laguna sobre la cual dice la leyenda que hace siglos fue utilizada por indígenas para sus partos.
admin
Viernes, 23 de Agosto de 2019
Opciones para Compartir