Desde que unieron fuerzas el año pasado, la oposición fragmentada de Venezuela ha probado con protestas y huelgas, y ha promovido sanciones internacionales, ofertas de amnistía y un golpe de Estado. Incluso consideró una invasión de mercenarios para derrocar al presidente Nicolás Maduro.
Todo ha fracasado, lo que ha dejado desmoralizados y acosados a los oponentes de un Maduro cada vez más represivo, y una nación petrolera que alguna vez fue rica se hunde cada vez más en la ruina.
Ahora, dos líderes de la oposición venezolana están sacrificando la unidad que tanto les costó a sus partidos para intentar romper el punto muerto político y salvar a su movimiento del olvido. Está en juego la supervivencia de los últimos vestigios democráticos de un país que se está deslizando hacia un gobierno militarizado y de un partido único.
La semana pasada, Henrique Capriles, un excandidato presidencial, e Iván Stalin González, un prominente legislador de oposición, rompieron en público con un boicot de la oposición hacia las próximas elecciones al Congreso, lo cual fracturó una alianza que de por sí era tensa.
La noticia de inmediato provocó una avalancha de acusaciones de traición ligeramente veladas de los partidarios del boicot y sus aliados estadounidenses, y un examen de conciencia entre la gran mayoría de los venezolanos que se oponen a Maduro.
Capriles y González mencionaron que la estrategia de promover las sanciones extranjeras en contra de Venezuela en la que se ha concentrado la oposición ha fracasado y debe modificarse. A pesar de todo lo que están arriesgando, aseguraron que la oposición debía hacer una campaña para realizar elecciones a fin de reconectar con los problemas diarios que sufren los venezolanos en un devastador colapso económico.
“Estamos en la búsqueda de un hecho político que movilice a este país”, comentó Capriles, un carismático exgobernador que perdió por poco frente a Maduro en 2014, en un pronunciamiento en video que se transmitió el miércoles pasado por redes sociales.
“Y en la medida que la persona es más pobre, lo único que le va quedando es ese voto, esa expresión contra este régimen hambreador”, agregó.
La Iglesia católica de Venezuela y la asociación empresarial más grande de la nación, dos de las asociaciones civiles más poderosas que se oponen al gobierno, han hecho eco del llamado de Capriles a cambiar de estrategia, lo cual ha subrayado la profundidad del descontento en la alianza de la oposición.
Menos de una tercera parte de los venezolanos cree que los principales partidos de oposición deben exigir un boicot en contra de las elecciones de diciembre, de acuerdo con encuestas distintas que llevaron a cabo dos de las encuestadoras más prominentes de Venezuela, Datanálisis y Delphos.
Los simpatizantes de Capriles aseguraron que su estrategia ya está dando algunos resultados, a pesar de lo efímeros que puedan ser. El lunes, Maduro liberó a 50 presos políticos y quitó los cargos penales en contra de otros 60 disidentes, como parte de las negociaciones con Capriles.
Sin embargo, esas conversaciones fueron recibidas con críticas feroces del actual líder de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, cuya convocatoria a realizar un boicot en contra de las votaciones del 6 de diciembre tiene el respaldo de 27 partidos de oposición.
“En este momento, Venezuela, que atraviesa una dictadura, a nivel práctico es necesaria la unión de las fuerzas”, mencionó Guaidó el jueves en una reunión en video con el enviado de Estados Unidos en Venezuela. “Hoy Venezuela no quiere ver a líderes políticos peleándose, sino peleando por ellos”.