Un día después de conocerse la noticia de que el presidente de México contrajo la Covid-19, la frustración se hizo sentir en una larga fila de ciudadanos que esperaban, ansiosos, rellenar los tanques de oxígeno para sus familiares que sufrían de la misma enfermedad y batallaban para respirar en casa.
Durante casi un año, Andrés Manuel López Obrador ha minimizado la pandemia: dijo que los amuletos religiosos lo protegían, se rehusó a llevar cubrebocas e incluso bebió del mismo recipiente de barro que sus seguidores. Solo era cuestión de tiempo antes de que él también se enfermara, dijeron algunos mexicanos.
Ahora que el presidente contrajo el virus, lo que más agravia a muchos en el país no es solo que hubiera desdeñado las precauciones básicas de seguridad sino que, después de su propia enfermedad, también vuelva a minimizar la amenaza de una pandemia que va en aumento.
Dado que recibirá cuidados médicos de primer nivel en su residencia, el presidente con certeza se recuperará, observaron. Pero, en cambio, sus seres queridos apenas pueden conseguir los cuidados más básicos, ya sea una cama en un hospital rebasado o el suministro de oxígeno que pueda ayudarlos a sobrevivir en casa.
“Mi papá le creyó, le creyó que al no usar cubrebocas no pasaba nada”, dijo Lilia Ramírez Díaz, quien estaba yendo por segunda vez en un día a rellenar el tanque de oxígeno para su padre diabético, que luchaba contra la COVID-19 en casa.
“Ambos se enfermaron”, dijo, pero el presidente “no tiene que andar peregrinando buscando un tanque de oxígeno”.
El país, devastado, está teniendo dificultades para controlar la pandemia. Tres días antes del domingo en el que el presidente dio a conocer que había dado positivo al virus, las autoridades anunciaron más de 1.800 fallecimientos por coronavirus, una cifra que rompió el récord de muertes en un solo día, que se había alcanzado apenas unos días antes.
En Ciudad de México, los hospitales están al 89 % de su capacidad, según las cifras más recientes de la Secretaría de Salud, mientras que en el resto del país la cifra es del 60 por ciento. En toda la nación, más de la mitad de las camas hospitalarias con ventiladores están ocupadas.
Hasta ahora, más de 1,7 millones de personas han contraído el virus en México y casi 150.000 personas han fallecido. Es la cuarta cifra más alta de víctimas del virus en todo el mundo. Y algunos expertos creen que es mucho mayor.
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Debido a una desconfianza generalizada hacia los hospitales, muchas personas con el virus deciden quedarse en casa, y a menudo mueren ahí. La causa de muerte en esos casos tal vez no se atribuya en el registro a la Covid-19. Además, se hacen pocas pruebas, lo que significa que el verdadero impacto de la pandemia es probablemente mucho peor que el recuento oficial.
A pesar de que López Obrador dijo el domingo que sus síntomas eran leves y que “estaba optimista”, los médicos advirtieron que, con 67 años y tras sobrevivir un ataque al corazón, se encontraba en una categoría de alto riesgo.
Está por verse, además, si el líder mexicano cambia la actitud que tiene respecto al virus después de experimentarlo de manera personal.
López Obrador no es el primor líder mundial en enfermarse del coronavirus.