Según cálculos de los modeladores de enfermedades de la Universidad de Columbia, si en marzo Estados Unidos hubiera comenzado a imponer medidas de distanciamiento social una semana antes, habrían muerto unas 36.000 personas menos por el brote de coronavirus.
Y si el país hubiera empezado a cerrar las ciudades y a limitar el contacto social el 1.° de marzo, dos semanas antes de que la mayoría de la gente empezara a quedarse en casa, se habría evitado la gran mayoría de los decesos de la nación, alrededor del 83 por ciento, estimaron los investigadores.
En ese escenario, habrían fallecido cerca de 54.000 personas menos para principios de mayo.
El enorme costo de esperar para tomar medidas refleja la implacable dinámica del brote que arrasó con las ciudades estadounidenses a principios de marzo.
Los investigadores descubrieron que, incluso pequeñas diferencias de tiempo habrían evitado el peor crecimiento exponencial, que para abril tenía subsumida a la ciudad de Nueva York, Nueva Orleans y otras ciudades importantes.
“Es una gran gran diferencia. Ese pequeño momento en el tiempo, capturarlo en esa fase de crecimiento, es increíblemente crítico para reducir el número de decesos“, explicó Jeffrey Shaman, epidemiólogo de la Universidad de Columbia y líder del equipo de investigación.
Los hallazgos se basan en un modelo de enfermedades infecciosas que mide cómo la reducción del contacto entre las personas a partir de mediados de marzo frenó la transmisión del virus.
El equipo de Shaman modeló lo que habría sucedido si esos mismos cambios hubieran tenido lugar una o dos semanas antes y calculó la propagación de las infecciones y las muertes hasta el 3 de mayo.
Los resultados muestran que a medida que los estados se reabran, es muy fácil que los brotes se salgan de control a menos que los funcionarios vigilen de cerca las infecciones y repriman de inmediato los nuevos brotes.
Además, muestran que cada día que los servidores públicos esperaron para imponer restricciones a principios de marzo tuvo un gran costo.
Luego de que Italia y Corea del Sur comenzaron a responder al virus de manera agresiva, el presidente Donald Trump se resistió a cancelar sus mítines de campaña, o a decirle a la gente que se quedara en casa y evitara las multitudes.
El presidente afirmó que el riesgo del virus para la mayoría de los estadounidenses era muy bajo.
“Nada se cierra, la vida y la economía continúan”, tuiteó Trump el 9 de marzo y sugirió que la gripe era peor que el coronavirus. “En este momento hay 546 casos confirmados de coronavirus y 22 muertes. ¡Piensen en eso!”, agregaba su tuit.
De hecho, para ese momento, decenas de miles de personas ya se habían contagiado, según estimaron posteriormente los investigadores.
Sin embargo, la falta de pruebas generalizadas permitió que esas infecciones pasaran desapercibidas, ocultando la urgencia de un brote que la mayoría de los estadounidenses todavía identificaba como una amenaza extranjera.
La Casa Blanca no respondió a una solicitud de comentarios, pero Trump ha citado en repetidas ocasiones las restricciones de los vuelos provenientes de China en enero, y de Europa a mediados de marzo, como acciones que detuvieron la propagación del virus.
El 16 de marzo, Trump instó a los estadounidenses a limitar los viajes, evitar los grupos y quedarse en casa al salir de la escuela. El alcalde Bill de Blasio cerró las escuelas de la ciudad de Nueva York el 15 de marzo y el gobernador Andrew Cuomo emitió la orden de quedarse en casa, la cual entró en vigor el 22 de marzo.
Varios investigadores de la enfermedad descubrieron que los cambios en el comportamiento personal en todo el país a mediados de marzo frenaron la epidemia.
No obstante, en las ciudades donde el virus llegó antes y se propagó con rapidez, esas acciones llegaron demasiado tarde para evitar la desgracia.
Tan solo en el área metropolitana de Nueva York, 21.800 personas habían muerto para el 3 de mayo.
Menos de 4300 habrían muerto para entonces si las medidas de control se hubieran puesto en marcha y se hubieran adoptado a nivel nacional apenas una semana antes, el 8 de marzo, según estimaron los investigadores.
Todos los modelos son solo estimaciones y resulta imposible saber con certeza el número exacto de personas que habrían fallecido.