La escalada bélica entre Israel e Irán ha alcanzado en junio de 2025 su punto más álgido en décadas. La operación llamada "León Naciente" por el Gobierno Israelí a sus ataques que incluyó bombardeos a instalaciones nucleares iraníes, marcó un antes y un después en una rivalidad histórica alimentada por ideologías, poder regional y la amenaza nuclear.
1. Orígenes de una enemistad ideológica y estratégica
Hasta 1979, Israel e Irán mantenían relaciones diplomáticas relativamente cordiales. Pero la Revolución Islámica encabezada por Ruhollah Jomeini cambió el rumbo. El nuevo régimen teocrático rompió lazos con Israel, al que denominó el "pequeño Satán", en paralelo al rechazo visceral hacia Estados Unidos, el “gran Satán”.
Desde entonces, la causa palestina se convirtió en bandera del régimen iraní y su hostilidad hacia Israel se volvió uno de sus pilares ideológicos. Teherán transformó su política exterior en una estrategia de proyección de poder regional, financiando y armando grupos como Hezbolá, Hamás y los hutíes, alineados contra el Estado judío.
2. Una guerra en la sombra que ya no lo es
Durante años, ambos países se enfrentaron en una guerra encubierta. Asesinatos selectivos de científicos nucleares iraníes, ciberataques como el virus Stuxnet y explosiones misteriosas en instalaciones militares definieron un conflicto sin frentes claros. Ninguno reconocía abiertamente sus acciones.
Pero eso cambió en abril de 2024, cuando Israel bombardeó el consulado iraní en Damasco, matando a altos mandos de la Guardia Revolucionaria. Irán respondió con una andanada de drones y misiles sobre territorio israelí. Desde entonces, la rivalidad se ha vuelto abierta y directa.
3. La obsesión israelí: evitar una bomba iraní
Para Israel, la posibilidad de que Irán obtenga armas nucleares es una línea roja. El primer ministro Benjamín Netanyahu lo ha dicho sin rodeos: no permitirán que los ayatolás tengan el poder de destrucción masiva.
El ataque del 13 de junio de 2025 contra las plantas nucleares de Natanz y Fordow fue justificado por Netanyahu como un acto de "autodefensa preventiva". Según informes israelíes, Irán había producido suficiente uranio enriquecido para al menos nueve bombas atómicas y había acelerado su programa militar, desafiando a la OIEA.
4. Irán contraataca: una respuesta sin precedentes
La represalia iraní no tardó en llegar. Decenas de misiles balísticos cruzaron el cielo de Medio Oriente en dirección a ciudades y bases israelíes, marcando un nivel de confrontación no visto desde la Guerra del Golfo. Aunque la mayoría fueron interceptados por el sistema defensivo “Cúpula de Hierro”, el mensaje de Teherán fue claro: considera los ataques israelíes como una “declaración de guerra”.
Las manifestaciones masivas en Teherán en abril y junio de 2024, tras el asesinato de miembros de la Guardia Revolucionaria, mostraron una población entre el nacionalismo defensivo y la frustración contra su propio régimen.
5. Lo que está en juego: el equilibrio regional y global
El conflicto entre Israel e Irán no es solo una disputa bilateral. Implica a Estados Unidos, potencia aliada de Israel; a Rusia y China, que mantienen vínculos estratégicos con Irán; y a actores regionales como Arabia Saudita, Irak, Siria y Líbano.
Además, se cruza con otras crisis: la guerra en Gaza, el colapso de Siria, la fragilidad política en Irak y la influencia iraní en Yemen. Un enfrentamiento a gran escala podría incendiar toda la región, afectar el precio del petróleo y forzar una intervención estadounidense directa, algo que preocupa tanto a Washington como a los mercados globales.