Las luces de los rescatistas despertaron a Lorena Guillén en plena madrugada. Desde afuera llegaban gritos. Abrió la ventana de su casa y vio cómo el río Guadalupe había crecido al menos diez metros desde que se había ido a dormir, cubriendo por completo los siete acres de su propiedad.
Guillén vive junto al cauce y alquila parcelas de su terreno a personas que llegan con sus autocaravanas —RV, como se les conoce en inglés— y pagan una renta mensual para estacionarse allí. Una de esas familias, dos adultos y tres niños, se aferraba a un árbol, luchando por no ser arrastrada por la corriente.
"¡Aviéntame a uno de tus hijos!", le gritó al padre otro de los inquilinos, intentando ayudar. Los brazos cedieron, y desde su ventana, Guillén vio cómo desaparecían entre ramas, árboles y el avance violento del agua.
Las inundaciones provocadas por una tormenta que golpeó el sur de Texas entre la noche del sábado y la madrugada del domingo dejan ya al menos 52 muertos, además de una cifra indeterminada de desaparecidos —incluidas 27 niñas que pasaban el verano en un campamento cristiano.
Los estragos que dejó la crecida del río Guadalupe, que se extiende por 370 kilómetros y divide varios pueblos a la mitad, alcanzan hasta donde llega la vista.
Carros volteados con las llantas hacia arriba, como juguetes abandonados por un niño; quimeras de escombros con trozos de ventanas, canoas, colchones y postes de luz; pedazos de asfalto esparcidos como piezas de rompecabezas.
Entre los restos, los distintos cuerpos de seguridad desplegados en la zona continuaron con la búsqueda de los desaparecidos. En botes, helicópteros y a pie, las autoridades recorrieron la zona y lograron rescatar con vida a unas 850 personas, según informaron los líderes locales.
El alguacil del condado de Kerr, Larry Leitha Jr., aseguró el domingo que no se detendrán hasta que "cada una de las personas sea encontrada".
"Esta comunidad es fuerte y seguirá unida durante este momento tan doloroso", recalcó Leitha Jr. a los reporteros. Por su parte, el gobernador del estado, Greg Abbott, solicitó a la administración de Donald Trump que firmara una declaración de desastre y declaró el domingo como un "día de oración" a nivel estatal en honor a las víctimas.