Cuando las universidades cerraron de repente el mes pasado debido a la pandemia del coronavirus, muchos estudiantes regresaron a la casa de sus padres, acongojados por tener que renunciar a su vida social y a importantes oportunidades de intercambios en el campus. Los que estaban a punto de graduarse perdieron la oportunidad de iniciar una etapa de trabajo que no sea virtual.
Pero el cierre de los campus ha traído desventuras mucho más grandes a la vida de los más de un millón de estudiantes extranjeros que dejaron sus países para estudiar en Estados Unidos. Muchos estaban viviendo en los dormitorios universitarios y tuvieron que encontrar un nuevo lugar donde vivir, lejos de su país, en un país en cuarentena.
Una cantidad importante de estudiantes internacionales también está pasando por una crisis económica en su vida: las restricciones de su visa les impide trabajar fuera del campus, el cual ahora está cerrado.
Y aunque algunos proceden de familias lo suficientemente adineradas como para pagar su alojamiento o regresarlos a casa, muchos otros ya habían estado teniendo problemas para arreglárselas con las colegiaturas, que tienden a ser mucho más elevadas que para los estadounidenses.
Algunos estudiantes extranjeros dicen que conforme se reducen sus cuentas bancarias, han tenido que recurrir a los bancos de alimentos para obtener ayuda. Otros están quedándose en la casa familiar de sus amigos, pero no saben cuánto tiempo más les darán alojamiento. Quienes se fueron a su país antes de que cerraran las fronteras, no saben si podrán regresar.
“Mi mundo se está viniendo abajo”, afirmó Elina Mariutsa, una estudiante rusa de Relaciones Internacionales y Ciencias Políticas en la Universidad Northeastern cuyos padres vendieron un apartamento y les pidieron prestado a sus amigos para pagar la colegiatura de los semestres anteriores.
Ella está segura de que, con la rápida devaluación reciente del rublo en medio del desplome económico global en marcha, su familia no podrá pagar los 27.000 dólares de su último semestre en la universidad… no digamos ayudarla con sus gastos actuales de manutención.
“No sé si podré graduarme. Por el momento, en definitiva no podemos pagar el último semestre, y literalmente solo quedan cuatro cursos”, señaló.
Las universidades, que por lo general reciben de los estudiantes extranjeros un porcentaje importante de su presupuesto, dijeron que de inmediato se abocaron a ayudar a los estudiantes internacionales al abrir una cantidad limitada de dormitorios cuando era posible, mandando a los alumnos a su país en algunos casos y presionando al gobierno federal para que les dieran apoyo.
La Universidad de Nueva York, en donde hay más estudiantes extranjeros que en cualquier otra del país, creó becas de emergencia disponibles para los estudiantes internacionales.
“Es una situación difícil y está empeorando constantemente”, comentó Jigisha B. Patel, asesora principal de los estudiantes internacionales en la Universidad del Northeastern. “En verdad todos se han puesto a hacer lo que pueden en estos momentos”.
El gobierno federal ha intervenido para ayudar a los estudiantes universitarios que han resultado afectados por la pandemia del coronavirus, pero en concordancia con su programa “Estados Unidos primero”, el gobierno del presidente Donald Trump anunció el miércoles que los estudiantes internacionales e indocumentados no serán considerados en la ayuda federal de 6000 millones de dólares destinados a que los estudiantes paguen gastos como comida y alojamiento.
Muchos estudiantes dijeron que la ayuda proporcionada por las universidades estaba lejos de ser suficiente.
“Fue un momento muy caótico porque no tenía idea de a dónde podía ir”, comentó Anna Scarlato, una estudiante italiana que en marzo le dijeron que en unos días tendría que salirse de su dormitorio en la Universidad de Chicago.
Sin tener a dónde ir, Scarlato se fue al dormitorio de su novio en otra facultad, pero al día siguiente se enteraron de que también iban a cerrar el alojamiento en ese campus.
Scarlato acordó subarrendar un cuarto en un apartamento de Chicago, pero luego supo que sus padres, quienes estaban en cuarentena en Italia por la pandemia, no podrían ir al banco a fin de transferirle dinero para pagar ninguna renta.
En el último momento, la madre de su novio le compró un boleto para que fuera con él a su casa en el condado de Orange, California. “No tengo idea de dónde voy a estar en las próximas dos semanas ni en un mes ni en dos meses”, afirmó. “Siento como si de alguna manera fuera un parásito”.
Algunos estudiantes no han querido decirles a sus familias, las cuales ya estaban teniendo dificultades para pagar sus estudios, a qué grado llegan sus problemas.