La guerra entre Israel e Irán no solo se está librando con misiles, ataques y operaciones militares. También se disputa en el terreno del relato. En entrevista con Kienyke, Roni Kaplan, el portavoz en español de las Fuerzas de Defensa de Israel defendió la ofensiva de su país como una acción de contención frente a lo que describió como una amenaza regional y global.
Al ser consultado por el sentido de la ofensiva, respondió con una frase que resume toda su lectura del conflicto: “Estamos conteniendo una amenaza y estamos cambiando, te diría, mejor dicho, el balance de poder, el equilibrio del poder en el Medio Oriente”. A partir de ahí, construyó una justificación que combina seguridad, geopolítica y presión militar sobre Teherán.
Una guerra que Israel presenta como defensiva
Uno de los ejes centrales de su mensaje fue que Israel no se concibe a sí mismo como un actor que amplía la guerra, sino como un país que busca impedir una amenaza mayor. En esa línea, sostuvo que el objetivo es evitar que el régimen iraní conserve la capacidad de golpear a Israel y a sus aliados por medio de misiles, milicias y estructuras regionales afines.
“Queremos garantizar que el régimen iraní no represente nunca más una amenaza existencial para el Estado de Israel”, afirmó Roni Kaplan. Y fue más allá al plantear que la estrategia actual apunta a deteriorar la capacidad operativa de Irán: “Se trata de degradar este aparato militar de tal manera de que pueden tener intenciones grandes, pero no tendrían ya los medios para llevar adelante un ataque de este tipo”.
Bajo esa lógica, el portavoz presentó a Irán no solo como un adversario directo de Israel, sino como el centro de una red regional que incluye a grupos armados aliados. Por eso insistió en que la confrontación no puede leerse como un episodio aislado, sino como parte de una disputa más amplia por el orden en Medio Oriente.
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Los golpes que Israel asegura haber dado
Durante la conversación, el vocero también atribuyó a Israel una serie de operaciones contra figuras de alto nivel del aparato iraní. “Nosotros eliminamos ayer a Ali Larijani, que era el líder de facto del régimen desde el pasado 28 de febrero”, dijo. Luego agregó: “También ayer, por ejemplo, eliminamos también a Suleimani, que es el jefe de las guardias Basich”.
Más que presentar esos hechos como una demostración de victoria, los enmarcó como parte de una política de protección y debilitamiento del liderazgo adversario. Según su versión, el objetivo no es solo responder, sino erosionar la capacidad de decisión y de agresión del régimen iraní. Ahí está uno de los puntos más delicados de la entrevista: el portavoz habla desde una lógica militar de legitimación y no desde una posición neutral.