El presidente Donald Trump ha acusado a su oponente, el exvicepresidente Joe Biden, de estar “contra Dios”, “contra la Biblia” y “esencialmente contra la religión”.
En la Convención Nacional Republicana, Lou Holtz, el notorio exentrenador de fútbol de Notre Dame, llamó a Biden, quien es católico romano practicante, un “católico solo de nombre”.
Pero ahora, mientras Trump busca atraer a los votantes católicos a cinco semanas de las elecciones, él y sus principales asesores están afirmando que cualquier debate sobre las creencias religiosas de la jueza Amy Coney Barrett equivale a un ataque anticatólico, en un intento del presidente de provocar a sus votantes inventando una guerra cultural contra lo que los republicanos llaman un “clan hiperconsciente” de la izquierda.
En una conferencia de prensa el domingo por la noche, Trump acusó a los demócratas de “jugar la carta religiosa” con Barrett, su candidata a la Corte Suprema, quien es madre de siete hijos y devota católica romana.
“Sobre la situación religiosa con Amy, pensé que ya habíamos resuelto esto hace 60 años con la elección de John F. Kennedy”, dijo Trump. “Es en serio, están criticando su catolicismo”. Sin ninguna prueba, el presidente procedió a acusar a los demócratas de “básicamente pelear contra una religión importante en nuestro país”.
En una llamada de la campaña de Trump con sus principales aliados católicos el domingo por la noche, Justin Clark, subdirector de la campaña, dijo que “la nueva izquierda radical ha adoptado las tendencias destructivas y de odio del anticatolicismo del pasado”. Añadió que “en lugar de organizaciones terroristas como el Ku Klux Klan, tenemos un clan ‘hiperconsciente’” que lanza ataques anticatólicos. Además, dejó en claro el mensaje de la campaña a los votantes católicos en los últimos días de la contienda: “Nuestra fe como católicos está siendo atacada”.
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Hasta ahora, al menos, los ataques contra el catolicismo de Barrett no han provenido de los principales demócratas ni del candidato del partido.
Lo sorprendente es que Trump, un hombre que pasa las mañanas de domingo en el campo de golf y no es conocido por ser una persona de fe, juzga con severidad a algunos católicos (como Biden) y al segundo siguiente dice que este tipo de juicios severos no están bien (al menos cuando se trata de Barrett).
Los comentarios pasados sobre la fe de Barrett por parte de algunos demócratas —el más infame se dio durante su audiencia de confirmación para la Corte de Apelaciones de 2017 cuando la senadora Dianne Feinstein afirmó que “el dogma vive con fuerza en usted”— le han dado armas a los republicanos para intentar vincular el sesgo anticatólico con el Partido Demócrata.
Sin embargo, los líderes demócratas y la campaña de Biden, quienes se oponen a la confirmación de Barrett, han tratado el comentario de Feinstein como una importante señal de advertencia. De hecho, están siendo cautelosos al evitar acercarse a cualquier debate sobre su religión.
Los partidarios de Biden dijeron que evitar preguntas personales sobre la fe de Barrett en las próximas semanas es políticamente crucial, ya que Biden tendrá la oportunidad de abrirse paso con algunos votantes religiosos que tienden a apoyar a candidatos presidenciales republicanos.