Para la industria de la consultoría de diversidad en Estados Unidos, este verano ha sido como ningún otro. En medio del ajuste de cuentas iniciado tras la muerte de George Floyd, una ola de ejecutivos de alto nivel comenzaron a analizar de manera crítica sus compañías, y consultores como Melanie Miller y Loretta VanPelt se vieron inundados de trabajo.
Después metió la mano el presidente Donald Trump.
Una orden ejecutiva, emitida en septiembre pasado mientras Trump aumentaba sus ataques contra los manifestantes del movimiento Black Lives Matter y la “corrección política”, prohibió que el gobierno federal, así como sus contratistas, subcontratistas y beneficiarios ofrecieran cierto tipo de capacitación de diversidad en materia de sesgos de género y raza, enseñanzas que la orden calificó como “divisivas” y pertenecientes a una “ideología maligna”.
Esas órdenes, basadas en las obsesiones actuales del presidente, han sido pilares de los años que Trump ha pasado al mando y a menudo no consiguen absolutamente nada.
Como otros de sus enfoques, la fijación de Trump en la capacitación en materia de diversidad parece haber nacido de una entrevista que vio en Fox News, cuando Christopher Rufo, académico conservador del Discovery Institute, le habló a Tucker Carlson sobre el “culto de adoctrinamiento” de los programas de “teoría crítica de la raza” del gobierno.
No obstante, esta vez, los efectos han llegado a las corporaciones estadounidenses, la academia y el gobierno a una velocidad extraordinaria.
Dos agencias gubernamentales cancelaron sus sesiones con Miller y VanPelt en cuestión de semanas y dos empresas pusieron en pausa sus capacitaciones. Dos más podrían seguir el ejemplo, según señalaron los consultores.
“Primero hubo progreso y movimiento, pero de pronto comenzamos a escuchar las palabras ‘propaganda’ y ‘divisivo’ que no describen en absoluto lo que en realidad se hace con estas capacitaciones”, comentó VanPelt, quien trabaja como capacitadora en Southfield, Michigan.
“Si de verdad vamos a tener este diálogo, cambiar el transcurso de la historia, hacer que la gente reflexione acerca del racismo sistémico y tomar medidas es necesario hablar al respecto”, agregó.
La “Orden ejecutiva para combatir los estereotipos de género y raza” resulta política de manera transparente. Se trata del esfuerzo más reciente del presidente para obtener el apoyo de sus simpatizantes de mayoría blanca antes de las elecciones presidenciales de noviembre.
Cuando le hicieron una pregunta al respecto durante el debate presidencial el mes pasado, Trump dijo que ese tipo de capacitaciones eran “racistas” y que le “enseñaban a la gente que nuestro país es un lugar horrible”.
De manera implícita y explícita, Trump ha hecho de la raza un centro focal de su campaña de reelección y ha advertido a los electores suburbanos sobre los peligros de las viviendas sociales y la propagación de la “anarquía” en las ciudades.
Durante el debate, se rehusó a condenar la supremacía blanca y se dirigió a los Proud Boys, una organización vinculada con la supremacía blanca y los actos violentos, con la frase “retrocedan y prepárense”.
Más allá de la retórica, el presidente ha movilizado al gobierno federal para cumplir con sus iniciativas. Microsoft señaló este mes que el Departamento del Trabajo había iniciado una investigación acerca de su compromiso para duplicar la cantidad de empleados negros en puestos de liderazgo para 2025.
El Departamento de Justicia demandó a la Universidad de Yale la semana pasada y acusó a la escuela de discriminar a los solicitantes blancos y asiático-estadounidenses en las admisiones.
Después de que la Universidad de Princeton reconoció públicamente su historial de racismo sistémico, el gobierno de Trump abrió una investigación de derecho civil el mes pasado “basada en el racismo admitido” de la escuela.
La ofensiva en contra de la capacitación en materia de diversidad lleva más allá esos esfuerzos individuales. Russel Vought, director de presupuesto de la Casa Blanca, informó a los líderes del gobierno que llevarían a cabo cambios importantes en las sesiones de capacitación en materia de diversidad que eran “propaganda antiestadounidense”.
Vought les pidió a las agencias que comiencen a identificar programas de capacitación acerca del privilegio blanco o la “teoría crítica racial”, la cual argumenta que el racismo es intrínseco en las instituciones estadounidenses, y cualquier capacitación que insinúe que Estados Unidos es inherentemente racista o malvado o que cualquier raza o etnia es inherentemente racista o malvada.
La orden ejecutiva de Trump citó un seminario del Departamento del Tesoro que promovía la idea de que “prácticamente todas las personas blancas, sin importar su nivel de concientización, contribuyen al racismo”.
El seminario también les pidió a los líderes de pequeños grupos que animen a sus empleados a evitar la idea de que los estadounidenses no deben “fijarse en el color” ni “permitir que las habilidades y las personalidades de las personas sean lo que las distingue”.