En las dos semanas que han transcurrido desde que una turba enardecida asaltó el Capitolio, el presidente Donald Trump no ha dado ninguna señal de creer que comparte la responsabilidad por la peor invasión que se ha visto en los pasillos del Congreso en más de dos siglos.
Para escudarlo aún más, sus fieles seguidores han comenzado a echarle la culpa del ataque a una variedad de chivos expiatorios distractores: antifascistas de la extrema izquierda, activistas del movimiento Black Lives Matter e incluso conspiraciones vagas de un complot que involucra al vicepresidente Mike Pence.
Sin embargo, un grupo de personas ya ha realizado declaraciones que implican directamente a Trump en los disturbios del Capitolio: algunos de sus propios simpatizantes que fueron arrestados mientras participaban en el asalto. En documentos judiciales y entrevistas, al menos cuatro alborotadores pro-Trump han afirmado que se unieron a la marcha que se tornó violenta en parte debido a que el presidente los alentó a hacerlo.
En los últimos días, un bombero jubilado acusado de atacar a miembros de la policía del Capitolio le dijo a un amigo que fue al edificio siguiendo “las instrucciones del presidente”, según una denuncia penal, y una agente inmobiliaria de Texas acusada de allanar el edificio le dijo a un reportero: “Respondí al llamado de mi presidente”, para explicar el porqué protestó en Washington.
Un hombre de Virginia le dijo al Buró Federal de Investigaciones (FBI, por su sigla en inglés) que él y su primo marcharon al Capitolio porque Trump dijo “algo sobre tomar la avenida Pensilvania”. Y el abogado del autodenominado Chamán QAnon —quien irrumpió en el edificio vistiendo un atuendo de vikingo— dijo que Trump era culpable y que planeaba solicitarle un indulto a la Casa Blanca.
“¿Que si nuestro presidente es responsable? Por supuesto que sí”, le dijo el abogado, Al Watkins, a The New York Times.
La red policial que se ha extendido a nivel nacional para capturar a los acusados de allanar el Capitolio apenas está en sus primeras etapas y es probable que pasen semanas antes de que se conozca su alcance total y los perfiles de la investigación.
No obstante, ahora que hay docenas de personas en custodia y están empezando a comparecer ante los tribunales, las declaraciones que han hecho sobre Trump podrían terminar usándose no solo como leña en los procesos penales, sino también en un juicio político para respaldar las acusaciones de que el presidente instigó el asalto.
El miércoles, Trump fue impugnado por segunda vez después de que la Cámara de Representantes votó para aprobar una única acusación, en relación con su influencia al atizar a la turba que irrumpió en el Capitolio el 6 de enero tras asistir a un mitin en el que Trump y sus aliados repitieron sus aseveraciones infundadas de que las elecciones fueron amañadas en su contra. Ahora enfrenta un juicio en el Senado que podría descalificarlo e impedirle ocupar un cargo público en el futuro.
Si bien sería inusual que alguno de los acusados involucrados en el ataque al Capitolio compareciera como testigo en el drama del juicio político, es posible que los demócratas citen las declaraciones sobre Trump que esos acusados han hecho en público o frente a investigadores.
Como mínimo, la aparición de una defensa del tipo “Trump me hizo hacerlo” podría servir para socavar la narrativa infundada que algunos de los aliados del presidente en el Congreso, así como su abogado personal, Rudy Giuliani, han querido promover para dar impulso al argumento de que agitadores externos o servidores desleales fueron responsables del ataque al Capitolio.
Mientras los casos penales derivados de los disturbios pasan por el sistema legal, también podrían poner a algunos de los seguidores más fervientes de Trump en la incómoda posición de tener que culpar en público al hombre que fueron a apoyar.
Este método es conocido formalmente como una defensa de autoridad pública y, al usarla, los abogados pueden tratar de argumentar que sus clientes no son culpables porque un funcionario del gobierno les permitió cometer los delitos.
Los expertos legales han cuestionado la viabilidad de esta defensa en el caso del allanamiento del Capitolio, pues señalan que cualquiera que pretenda culpar a Trump de su participación en el asalto tendría que probar no solo que creía que él había autorizado sus acciones, sino también que esa creencia era razonable.