Otro año que pasa en mi vida y a diferencia de los anteriores, en este ciclo que termina, he decidido iniciar por fin, la más extraordinaria aventura que como ser humano puedo protagonizar: el encuentro conmigo mismo.
Un sendero íntimo cuyo mapa de ruta es saber quién soy, lo que realmente quiero y cómo lograrlo, pues al no tener claras estas respuestas, limito las posibilidades del derecho natural que tengo para vivir una existencia plena, serena y feliz.
La raíz de mis vacíos emocionales, han sido una falta de conexión espiritual, que en algunas ocasiones me enfermaron física y mentalmente, habilitando el sufrimiento innecesario por la incapacidad de perdonarme a mí mismo y desde la orilla del resentimiento no poder perdonar a los demás.
Asimismo, he llevado el peso de las máscaras sociales y personales que he usado, para sobrevivir a un entorno competitivo, consumista y agresivo, perdiendo en este espejismo mi autenticidad, al dejarme poseer y desbordar por los deseos esclavizantes de poder, aprobación y reconocimiento de otras personas, empleando un exceso de energía por la obsesión de lograr metas y objetivos, cargados de exageradas expectativas, motivadas en gran parte por el ego y la creencia de que todo lo puedo lograr solo, sin la ayuda de nadie.
El dolor muchas veces es el mejor maestro, pues nos hace tomar conciencia de la misión que tenemos en el mundo, aceptando desde la madurez y humildad nuestros defectos de carácter para corregirlos, superarlos y lograr una versión de nosotros mismos más sana.
Por eso, desde mi necesidad de trascendencia, he realizado una inmersión personal en diferentes corrientes filosóficas, existenciales, religiosas y esotéricas, cambiando el lenguaje de la mente por el del corazón, descubriendo que la búsqueda del amor incondicional, comienza por valorarme y cuidar de mí.
Así, para que libre de culpas, miedos o represiones y sin excluir a mis asesorados por sus creencias, pensamientos políticos o tendencias personales, pueda ayudarlos como Coach Esencial y de Vida, a encontrar dentro de sí mismos preguntas y respuestas, que produzcan cambios positivos en sus hábitos y los inviten a repontencializar sus talentos y habilidades, alcanzando una transformación esencial en la vida.
He descubierto que el sentido de la vida, no es otro que el de aprender a vivirla, enseñar lo aprendido y gozar la libertad que da el servir a los demás. Por esta razón, quiero que a través de estos pensamientos sencillos y profundos que hoy les comparto, ustedes mis queridos lectores de Konciencia de kienyke.com, consigan conectarse al silencio del alma, sin juicios ni temor y desde una perspectiva novedosa, dejarse cuidar y guiar por un Poder Superior, que a pesar de nuestras debilidades, errores, desaciertos y defectos, nos ama y acepta, tal y como somos.
Ego:
- Cuando ves tu rostro reflejado en el espejo, ¿ves la máscara que estás usando para ocultarte de ti mismo?
- Lo que no puedo perdonar en el otro, son en realidad mis propios errores, disfrazados por mi gran soberbia. Por cada defecto que yo señalo, urgentemente debo poner atención a tres de los míos.
- Para lograr que seas como yo quiero, en vez de aceptarte tal y como eres, utilizo la manipulación, la sexualidad y la empatía, para traicionarme.
Ansiedad:
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Desear tenerlo todo me lleva a la ansiedad y la tristeza, pero aceptarlo todo me conduce a la paz y el sosiego interior. Pretender que la vida nos dé todo lo deseado, y que se adapte solo a nuestras normas es una invitación a la frustración.
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Soportar las cargas emocionales negativas nos bloquea para vivir plenamente y con libertad de la alegría, el amor, la creatividad y la paz. La energía reprimida, negada y no reconocida, es la base de nuestra prisión emocional.