Lograr la paz en Colombia, sería la culminación de los anhelos de millones de personas que por muchos años han aspirado alcanzar la calma y la seguridad para sus vidas.
Se podría definir la paz como la tranquilidad dentro del orden. Es una gracia superior que, también se recibe por merecimiento y por justicia, como resultado de las acciones solidarias orientadas a hacer el bien al otro. La paz no sólo es ausencia de guerra. Convivir en paz consiste en aceptar las diferencias con los otros y tener la capacidad y la intención de escuchar, respetar y comprender a los demás, aprendiendo a vivir de forma pacífica y unida.
Recordemos que la paz es algo que debe construirse paulatinamente, con la presencia de la justicia social, para así proteger el bienestar general empezando a surtir las necesidades básicas de todos los ciudadanos y grupos sociales del país, ya que la paz empieza por casa y florece en la medida que se erradiquen las críticas destructivas, los odios y las polarizaciones hacia los demás, las cuales son elementos que impiden el fortalecimiento personal hacia la esperanza y el bienestar.
Esta idea es sustentada por el sociólogo noruego Johan Galtung fundador de la organización internacional Transcend (una red para la paz, el desarrollo y el ambiente), quien define la paz como: “la capacidad de resolver los conflictos con empatía, no violencia y creatividad. En este sentido, la paz es el contexto y las condiciones que permiten la transformación creativa y no violenta de los conflictos; creamos paz en la medida que somos capaces de cambiar los conflictos en cooperación, de forma positiva y creadora, reconociendo a los oponentes como personas y utilizando el método del diálogo”.
Precisamente, hace poco encontré un escrito de contenido universal, emanado del Budismo Mahayana en torno a los deseos positivos de convivencia y tolerancia humanas, el cual quiero compartirles con el fin de aprender la importancia de “vivir y alcanzar la paz”.
Oración Mahayana:
“Que cese el dolor causado por la ambición en todo el mundo.
Que cada uno de los seres se posea a sí mismo, y elija la paz y la armonía.
Que en las diez partes de la tierra se espere la libertad.
Que se inspire a los seres que están ya casi muertos de anemia y enfermedad,
que ellos aguarden la recuperación y la reintegración a la salud.
Que los amenazados, los aplastados por el miedo a reyes, ladrones o soldados
y los que estén condenados a muerte sean perdonados.
Los que se mueven entre angustia, necesidad y hambre, que todos crean aun en la liberación.
Los ansiosos, los apaleados, encarcelados y atormentados,
los miserables, los harapientos, los agotados por el esfuerzo, los enfermos,
y los envejecidos por multitud de penas, todos absolutamente todos,
deben esperar aun el día de su libertad y paz.
Para los sufrientes de sus dolores, el alivio.
Los aterrorizados por la muerte, la erradicación de sus fantasmas.
Los acosados por los jueces, el perdón y la ausencia de miedo.
Que los muertos de hambre y sed, puedan comer y beber hasta satisfacerse.
Que los ciegos puedan llevar sus ojos a formas y figuras, hermosas y brillantes.
Que los sordos llenen sus oídos de música agradable,
y que en ninguna parte se quiera recordar la ambición, la corrupción y el dolor,
y mucho menos sentir el miedo al lado.
Que todos deseen que este mundo sea agradable, bien presentado, diáfano, suave, poético y amoroso,
que tenga esta vida un sentido y que la felicidad vaya de unos a otros,
hasta que les llegue a todos en la medida de sus anhelos.
Que se olviden de tanta riqueza material y que todos los deseos de sus corazones se cumplan”.
Una experiencia personal hacia la paz
No hay nada que desgaste más nuestra energía física y emocional que el deseo de parecer perfecto. Muchas veces, esta necesidad de reconocimiento y superioridad, fruto de un complejo de inferioridad adquirido en la infancia, nos obliga a mentir, manipular, victimizarnos y lo que es peor, a volvernos “maestros de la astucia”, creyendo que así exhibimos una inteligencia superior.
Reitero que no hay nada más errado que estas ideas, pues el diseño genético y natural de la inteligencia se basa en la buena fe e intención, que debería ser la actitud que avala cada decisión en nuestra vida diaria.
Existen personas que son capaces de “adiestrar” su propia consciencia, pero el alma no se pueda adiestrar por demasiado tiempo. Cualquier día, donde menos lo esperes, en cualquier parte de la profundidad de nuestro ser, brotará la verdad y ya no se podrá seguir huyendo de la realidad personal.
Es entonces cuando en un acto desesperado, pediremos a quien sea que escuche aquella urgente confesión para seguir viviendo en paz y no sobreviviendo en la mentira, pues queramos o no, la verdad se impone por sí misma sin intervenciones de ningún tipo.
Para ser consciente de lo que hoy escribo, ha pasado mucha agua debajo del puente de mi vida. Durante la pandemia, hice varios altos en el camino con el fin de valorar el sentido de la paz interior como esencia sanadora en la existencia.