La valentía es una cualidad humana que neutraliza el miedo a fracasar en un mundo inseguro y lleno de incertidumbre. Con el fin de hacerle frente a las dificultades diarias, las personas cuentan con la fuerza de voluntad y la confianza en sí mismas para superarse una y otra vez sin dejarse arrastrar por la depresión y la derrota. De esta manera, se vuelven equilibradas al mantener la esperanza y la mente clara, tomando decisiones más útiles y flexibles para afrontar cualquier situación.
Me pregunto ¿qué le puede dar sentido a nuestras vidas en un momento tan dramático como el que estamos atravesando por la desconcertante pandemia causada por la COVID - 19? Muchas personas que hemos pasado por esta y otras situaciones muy graves, sabemos que existe la posibilidad de segundas y hasta terceras oportunidades brindadas por la existencia.
Sin duda, una de ellas es la de adaptarse a una “nueva normalidad” la cual no debería ser recordada ni definida como mejor o peor que el anterior estilo de vida. Por el contrario, desde nuestra capacidad de inteligencia debemos ser conscientes de que, al sobrevivir a esta inusual situación social también habilitamos la posibilidad de aprender sobre estas difíciles lecciones que nos encaminarán hacia la búsqueda de un nuevo sentido más simple y profundo para mejorar nuestro bienestar integral.
En la vida las cosas que nos suceden no siempre son blancas o negras. Este paradigma lineal nos impide descubrir los matices de grises que existen entre ellas. El nuevo paradigma emergente es el que nos abre las puertas interiores hacia la consideración y el autocuidado, para convertirnos en seres positivos que enfocan su energía en buscar soluciones a los problemas y no en buscar problemas que les eviten una vida plena de serenidad, alegría y entusiasmo.
Las personas pesimistas carecen de confianza y antes de superar los obstáculos propios de la existencia, están profetizando la derrota y su vida transcurre sobreviviendo a sus desfavorables emociones, las cuales a través de la justificación son utilizadas para estar y sentirse mal. De este modo, se acostumbran al papel de víctima o verdugo de sí mismos y de los demás.
Todos hemos formado nuestro carácter y actitudes a partir de las experiencias de la niñez. También de los modelos y enseñanzas aprendidos de diferentes figuras de autoridad. Sin embargo, el ser humano tiene la capacidad innata de reescribir su propia historia y cambiar su actitud negativa por una mejor actitud de resiliencia, que es la capacidad de los seres humanos para adaptarse positivamente a las situaciones adversas y trágicas.
En los últimos tiempos, estos cambios se han podido realizar con la ayuda de la filosofía, las prácticas orientales de la meditación, la consejería espiritual, la psicología, la intervención de Coaching y la Logoterapia, entre otras. Desde mi experiencia personal, la Logoterapia es una herramienta con gran poder de rehabilitación en los momentos de crisis y desesperación, como los que actualmente estamos enfrentando a consecuencia de esta infección pandémica que temporalmente nos tiene inmersos en estados de desequilibrio emocional, ansiedad y estrés.
¿Qué es la Logoterapia?
La Logoterapia es un método de tratamiento psicoterapéutico que hace parte del movimiento humanista existencial, cuyo fin es estudiar la capacidad del ser humano para sobreponerse a muchas circunstancias adversas que le acurren a lo largo de su existencia. Esta visón integrativa, biológica, psicosocial y espiritual nos muestra el camino para encontrar el sentido. Si bien es cierto que la inteligencia natural es proactiva, también podemos entender que la parte “noética” espiritual (conocimiento interior) es una motivación primaria del ser humano.
Este término no es religioso, pero sí trascendente y plantea la búsqueda de sentido en la realidad por medio de la inteligencia espiritual, transformando cualquier tragedia en una vivencia con significado que produce una claridad interior, dirigiéndose hacia algo que está más allá de sí mismo para superarse integralmente y así ayudar a los demás.
Por otra parte, el vocablo griego “Logos” hace alusión al sentido, es decir, el significado de los acontecimientos que suceden a lo largo de la vida del individuo y su actitud ante la existencia, el amor, el destino, el dolor y la muerte. Recordando que somos nosotros los que pasamos a través de la vida y no es la vida la que pasa a través de cada uno.
La Logoterapia fue creada por el psiquiatra, neurólogo y Doctor en filosofía Viktor E. Frankl (1905 – 1997). Inicialmente el Dr. Frankl, se interesó en los estudios psicoanalíticos de Sigmund Freud y luego se orientó hacia las teorías de Alfred Adler sobre la psicología individual. Sin embargo, la teoría de “voluntad de sentido” de Frankl, se oponía a la de Freud que era la “voluntad del placer” y a la de Adler que era la “voluntad del poder”.
Como médico de la Institución Psiquiátrica Steinhof, el Dr. Frankl descubrió que la dimensión noética (espiritual) del paciente puede modificar el curso de la terapia, pues las circunstancias sociales o patológicas no le impiden a la persona el ejercicio de esta libertad, la cual le devuelve su autonomía y capacidad de decisión.
Lo más increíble del Dr. Frankl, es que su propia teoría fue puesta a prueba, debido a que en 1942 la Gestapo lo apresó junto con su esposa Tilly, sus padres y su hermano, siendo confinados en los tenebrosos campos de exterminio judío de Türkhein, There-sienstad y Auschwitz. Allí incluso vio a su propia madre entrar a la cámara de gas junto con hombres, niños, ancianos y mujeres, todos víctimas de esa demencial guerra mundial.
Ante este inimaginable sufrimiento durante su confinamiento, el Dr. Frankl se dedicó día a día a buscar un sentido al dolor de los prisioneros. Para él esta experiencia de sobrevivencia personal la llamó “Experimentum Crucis”, situación que lo motivó a escribir en 1945 su famoso libro “Di Sí a la Vida a Pesar de Todo” con el título “El hombre en busca de sentido”, en donde comprobó que el ser humano tiene la capacidad interior de encontrar un significado en cualquier coyuntura de la vida, por tremenda y aterradora que esta sea.
En 1945 es liberado del campo de concentración y como testigo de excepción de su propio método logoterapeútico, continuó su carrera profesional siendo profesor en los Estados Unidos de la Universidad de Harvard, Stanford, Pittsburg y San Diego. De igual manera, ganó el premio Oskar Pfister de la Asociación estadounidense de Psiquiatría y recibió más de 29 Doctor Honoris Causa por sus inigualables aportes al estudio del comportamiento humano al crear la Tercera Escuela Vienesa de Psicoterapia, basada en tres fundamentos filosóficos existenciales para el individuo:
1. La libertad de voluntad (antropología): cada persona tiene la capacidad de tomar sus propias decisiones, por eso desde la libertad de elegir selecciona su destino sin convertirse en el títere del inconsciente colectivo.
2. La voluntad de sentido (psicoterapia): para el Dr. Frankl los métodos e intervenciones psicológicas, están enfocadas en la “percepción” del paciente hacia el componente externo, desconociendo o minimizando la idea de la conciencia humana como un don que lo hace único ante las demás especies.
3. El sentido de vida (filosofía): según los predicados logoterapéuticos, el sentido de la vida es una fuerza que no se pierde en ninguna circunstancia. Sin embargo, una conciencia confusa o desconectada de la realidad interior, puede llegar a ser un factor de incomprensión e ignorancia humana hacia este nivel tan necesario en nuestras vidas.