La felicidad del ser humano no está en la búsqueda del confort exterior, más bien podríamos plantear una nueva y mejor forma de estar en paz y ser felices. Buscar la tranquilidad y la comodidad en nuestro interior sin dejar que nos deslumbre los ofrecimientos de bienestar que la mayor parte de la publicidad ofrece es un camino sano, pues muchas veces, creemos que la felicidad se compra o se adquiere en los supermercados y almacenes de marca. Nada más lejos de la realidad que está triste y superficial premisa.
Entonces, al no lograr estos objetivos por demás exagerados, es posible que caigamos en la trampa de vivir de las apariencias y eludir la realidad a través de compras compulsivas, consumo de comidas, excesos de alcohol y adicciones múltiples, sobre todo a la tecnología.
Por ejemplo, aquí en nuestra querida capital bogotana, los fines de semana se ven abarrotados los centros comerciales que son visitados por personas ansiosas que se endeudan por divertirse y comprar durante horas, y después pagar durante seis meses ese “ratico” de desahogo personal, a través de sus tarjetas de crédito.
Al parecer, resulta mucho más importante el qué dirán y la estresante necesidad de aprobación y aceptación social, cuyo objetivo es el de competir y ser mejor que el vecino, los familiares y amigos. En estas circunstancias, se disimula la angustia y el vacío existencial de sobrevivir, “actuando” como si todos fueran felices y estuvieran en paz. De esta manera será muy difícil encontrar la felicidad.
Fingir ser feliz
Fingir que se está bien, que no estoy solo, que puedo con mi carga, que las cosas se arreglan y solucionan sin mayor esfuerzo, que mañana será otro día y que puedo vivir el “‘presente” sin saber quién soy y qué es lo que en realidad necesito, es escapar de la verdad.
Actuar como si nada hubiera sucedido, como si no tuviera miedo de mi lado oscuro, como si ya hubiese perdonado a quienes me hirieron daño, como si no me dejara ganar del desquite y la venganza, como si portándome bien pensara que no puedo portarme mal, como cuando digo ¡Sí! queriendo decir ¡No!
Estas actitudes son inútiles y destructivas, pues más temprano que tarde, el inconsciente pasa la cuenta de cobro, representada en la vejez prematura, las crisis nerviosas y enfermedades no identificadas, crónicas o psicológicas. El verdadero “karma” humano es el de fingir, negar, manipular y soportar una realidad escrita desde un guion personal muy triste y agotador, basado en el apego, la dependencia emocional, el miedo a crecer y volverse autónomo.