El humano tiende a compararse con el mundo paralelo del “si hubiera”, de la frustración de no haber hecho lo que convenía, o peor, el del “si no hubiera”, del arrepentimiento por haber hecho lo que no convenía.
Hoy lo vemos por cuenta del COVID-19, a propósito del sistema de salud y otros temas, como la informalidad y la pobreza, que agravan la crisis con una demanda creciente de recursos, o la dependencia petrolera, que la agrava aún más por la disminución de ingresos.
Si hubiéramos destinado más recursos a la salud; si no hubiéramos politizado el sistema; si no hubiéramos sido tolerantes con la corrupción, si hubiéramos…, si no hubiéramos… Esa tendencia diletante, sin embargo, cae frente a la adversidad, y lo que no se había podido en años, resulta posible en apenas meses. Nuestro sistema de salud, tras la pandemia, será el que “hubiéramos querido” desde hace décadas.
Me referí a la dependencia petrolera, porque llevamos décadas hablando de diversificación exportadora, y hoy nos amenaza una “debacle cambiaria”, pues si la Balanza Comercial era deficitaria en más de US$10.000 millones con petróleo a US$60, el horizonte es oscuro con menos de la mitad de ese precio.
Desde Fedegán llevamos años insistiendo en el reconocido potencial exportador de la carne, pero igual han pasado años sin completar la tarea, y hoy enfrentamos una coyuntura de sobreoferta por la crisis y la temporada invernal, con consecuencias desastrosas para los ganaderos.