La información y la palabra. Saber qué está pasando. Levantar la mano para expresarse. ¿A quién no le resultan las más elementales prerrogativas? Cuando los niños empiezan a balbucear con la necesidad de hacerse entender y a requerir atención y respuestas, para sobrevivir en el mundo al que han sido traídos y que apenas empiezan a descubrir, florecen estos derechos de manera natural.
Aún así, a lo largo de la historia de la humanidad y hasta hoy, lo más natural no lo ha sido tanto. La defensa de los principios sobre los cuales se construye el estado de derecho, la participación, la deliberación y la democracia, le han costado y le siguen costando la vida a millones de seres humanos. La lucha por instituciones sagradas como la libertad de expresión, de opinión y el derecho a la información ha sido épica.
La conquista de una institución, como síntesis de estos derechos, reconocida por primera vez en el mundo de manera constitucional hace apenas 254 años de esta larga historia, convirtiéndose en fundamento de la democracia, el desarrollo y el diálogo, es decir del modelo colectivo para la protección y la promoción del resto de los derechos humanos, es la libertad de prensa.
Los derechos humanos todos, son los que tenemos las personas desde que nacemos y cuya limitación son los derechos de los demás. El reconocimiento formal de derechos nunca ha sido garantía suficiente para su efectividad, por eso la debida administración de justicia es el soporte de la autoridad. Y el balance entre gobierno, derechos y justicia, en representación de la gente con el derecho natural a la información y la palabra, tiene por pilar, la libertad de prensa.
Por todo esto, con la libertad de prensa, no se juega.
El periodismo, la actividad para la obtención, tratamiento, interpretación y difusión de informaciones, ha sido el conducto para profesar estos derechos, y las empresas periodísticas las organizaciones a través de las cuales se han congregado talentos, ideas e ideales, recursos, experiencia y aprendizaje, para acuñar conocimiento y autoridad para desplegarla de manera sistemática.