Un nuevo 'salvador' político, ¿o una sierra para cortar la cordura? El reciente elogio de Javier Milei hacia Margaret Thatcher no sorprende, dada su postura como economista libertario. Sus propuestas vanguardistas, a la par de su estilo peculiar de cabello, incluyen recortes de gastos, privatizaciones y la dolarización de la economía argentina, país del que asumirá la presidencia el 10 de diciembre de 2023. Su objetivo: luchar contra el comunismo, el estatismo y el colectivismo.
Aunque los mercados no han reaccionado negativamente ante este outsider solitario y sin experiencia política, algunos inversionistas oportunistas han considerado su posible caos como darle dulces a un niño a cambio de dependencia económica. Afortunadamente, Milei carece de la gobernabilidad necesaria para ser el león que se autoproclama.
Su ascenso, junto con victorias como la de Geert Wilders en los Países Bajos, evoca triunfos pasados como los de Donald Trump o Jair Bolsonaro, pero también la sombra de figuras como Chávez y los Castro. Todos comparten un patrón: socavar la racionalidad del discurso mediante la manipulación del electorado. A días del balotaje, Milei ya daba por sentado que cualquier fracaso sería producto de un fraude electoral.
Su asociación con el expresentador de Fox News, Tucker Carlson, plantea interrogantes. ¿Qué podemos esperar de alguien vinculado a afirmaciones sobre la manipulación de las máquinas de votación en Estados Unidos a favor de Joe Biden? Mientras Europa debate la prohibición del Corán, en Estados Unidos se erigen muros y se permite el porte de armas, como si retrocediéramos a la Edad Media. No es descabellado pensar que, de ser europeo, Milei abrazaría una campaña antiinmigrante con el respaldo del Estado que tanto desprecia.
Los populistas de derecha encuentran más obstáculos en América Latina debido a la desigualdad que hace evidentes los problemas, llevando a la ciudadanía descontenta a las calles. La respuesta correcta ante la polarización y el abuso en redes es la estabilidad, pero los partidos tradicionales han minado la confianza de los electores, que votan por venganza. ¿Cómo se ve el mundo desde abajo, con apenas dos comidas diarias? La victoria surge del descontento argentino ante un Gobierno marcado por una inflación del 140 % y casi 20 millones de personas en la pobreza.
Javier Milei se presenta como defensor del libre albedrío, justo cuando la neurociencia concluye que este no existe. Afirma que la legitimidad de las decisiones proviene de la voluntad, sin reconocer que este fundamento es compartido por la religión cristiana. Al menos ha dejado de atacar al papa Francisco, un primer indicio de cordura en este personaje irascible que asumirá la jefatura de Estado en un país que ha pasado de Jorge Luis Borges al queísmo generalizado. Milei es un predicador de su propia ideología: «¡Aplaudan a la motosierra de la libertad, carajo!».