Tras la pandemia, muchos gobiernos del mundo tienen una crisis fiscal. Colombia en el 2021 alcanzó un déficit fiscal histórico de 95 billones de pesos. Esa deuda que aún no es posible solventar con el crecimiento económico, y los contribuyentes tampoco podrían ser asfixiados en esta fase de recuperación.
Tras el enorme esfuerzo que ha hecho el presidente Duque para avanzar en la recuperación económica del país, sorprende la creación de 1.200 cargos en la Procuraduría. Los gastos salariales se convierten en gastos inflexibles porque después de creados es difícil deshacerlos. Los excesos burocráticos del país pese a la ineficiencia, están protegidos con estabilidades que los hacen inamovibles.
El sector público es fundamental, sin él no existiría el Estado. Sin embargo, más burocracia no significa más Estado. Más Estado se construye con más resultados, más bienes públicos: más infraestructura, más educación, más salud, más inversión social… La austeridad debe entenderse en ese contexto. Gastar lo menos posible en personal eficiente y eficaz para dar soluciones a los problemas reales de los colombianos.
Lo ideal sería un aparato estatal poco costoso y altamente eficiente; de manera que los recursos públicos no se vayan en burocracia sino que produzcan los bienes públicos que se requieren para que la sociedad avance. La riqueza la crea el sector productivo que nos genera empleos, crecimiento económico y al mismo tiempo paga impuestos. Ese sector productivo requiere seguridad, vías, justicia… y además el Estado tiene que atender la pobreza y nivelar la cancha para construir más equidad en las oportunidades y condiciones de vida digna para todos.