El liderazgo incluye una infinidad de teorías, definiciones y hasta acercamientos filosóficos que lo han abordado desde disciplinas como la historia, la política, la sociología y la teoría del desarrollo organizacional, entre otras.
Y aunque no se puede asegurar que exista un concepto final que lo precise, sí es posible afirmar que, luego de la crisis sanitaria ocasionada por el Covid, sus efectos en la economía de todos los países y la innegable realidad del calentamiento global, un nuevo liderazgo, personal y colectivo, es reclamado en los hogares, comunidades, empresas y gobiernos del mundo entero.
A la pandemia y la crisis del planeta, en nuestra nación se sumó un conflicto social que ha sido aprovechado por algunos para atacar a las instituciones legítimamente constituidas, a los valores que nos han regido y a las libertades económicas. Somos un país que demanda con ahínco nuevos líderes que nos ayuden a sortear los difíciles momentos que atravesamos.
La situación no es fácil. Sin embargo, tenemos que asumir, individual y colectivamente, esa concepción genérica del liderazgo que tenemos todos como la capacidad de una persona para influir, motivar, organizar y llevar acciones que permitan fines y objetivos de bienestar que involucren a individuos y grupos, en un marco de valores comunes.
Y, aunque es innegable que existen líderes, que podríamos por lo menos denominar como negativos y buscan el bien personal para alcanzar sus intereses propios, aquí me refiero a los que necesitamos para construir una Colombia con igualdad de oportunidades, en camino a disminuir la pobreza y en armonía con la naturaleza, es decir un país sostenible.