En forma, James Rodríguez es un futbolista formidable. En su reintegro a la selección es bueno comprobar si llega como solución, imposición o provocación.
Si será o no un problema, si trae la voluntad de mejorar las relaciones con el vestuario y de reencontrarse a sí mismo, con su futbol.
Si, a pesar de entrenar sin rigor y su falta de competencia de especial nivel, conserva sus cualidades por todos conocidas.
Ni méritos, ni rendimiento, ni la actualidad en su juego, dan confianza. Su estado físico y técnico no son garantía. Se duda si llega a sumar o restar, como artista u obrero, a pelear por un derecho a ser alineado, que él mismo descartó cuando marchó por el camino de la insubordinación.
De brillar en los próximos partidos, dejará por el piso los paradigmas estrictos de los entrenadores, quienes afirmaron y comprobaron que sin entrenar y competir con rigor, es imposible lograr el máximo rendimiento.