Una muy certera definición, de entre las muchas que en estos días se han hecho de Donald Trump, ha venido de la mano de Thomas Friedman, que en las páginas de The New York Times llamó al presidente norteamericano “saqueador geopolítico”. Como es bien sabido, en su discurso inaugural, Trump calificó la transferencia del Canal de Panamá como un “regalo imprudente” de Jimmy Carter a Omar Torrijos y, por si eso fuera poco chocante en un discurso de esa trascendencia, remató afirmando que “China está operando el Canal de Panamá, y no se lo dimos a China. Se lo dimos a Panamá, y lo recuperaremos”.
Y siempre en esa línea habló de anexionar Canadá, quedarse Groenlandia y, lo que para el caso da igual, se ha mostrado dispuesto a que Vladimir Putin se quede con el territorio que hasta hoy ha invadido de Ucrania. Rebautizar el Golfo de México como Golfo de América también forma parte de su afán por sacudir la geografía. De todo esto se ha seguido hablando con más o menos intensidad, pero de pronto no se volvió a hablar de Panamá. ¿Qué ha pasado? Pues que de manera discreta el Canal ha regresado a “manos norteamericanas”.
Comenté este milagro con un amigo, a quien empecé por preguntarle si había oído hablar de Larry Fink y su poderosa BlackRock. “¿Estás interesado ahora en la música pop?”, me preguntó una voz extrañada al otro lado del teléfono, pensando que le hablaba de una banda musical. “No hombre, te estoy hablando del dueño del mundo”, le dije para sacarlo de su ignorancia. “Piensa en el nombre de cualquier banco importante, empresa mundial, fabricante de automóviles, teléfonos, lavadoras… marca colombiana o extranjera que se te ocurra. Ahí tiene puesta la patita Larry Fink”. Pues sí, Larry ha sacado a los chinos del Canal y de paso ha serenado a Donald Trump, si tal cosa es posible.
A quienes se asombran por la operación relámpago, Larry Fink —que es un hombre discreto y no le gusta ir por ahí dando lora como Elon Musk u otros multimillonarios— trata de calmarlos; y le resta importancia al hecho de haber comprado Balboa y Cristóbal, los dos puertos que controlan la salida y entrada al Canal. Explica que se trató de dos más de entre los 41 puertos que compró en estos días en otros 20 países. Cuando Larry sale a comprar puertos o emporios empresariales lo hace con la naturalidad con que nosotros entramos al supermercado a comprar una botella de vino y dos barras de pan.
La prevista invasión de Panamá por diez o doce mil “mariners” por la supuesta influencia de China en el Canal, fue conjurada por el inversor BlackRock que se hizo con la propiedad de los dos puertos estratégicos de la vía navegable artificial. El conglomerado CK Hutchison, con sede en Hong Kong, ha anunciado la operación por unos 22.800 millones de dólares y el traspaso de las instalaciones en las dos bocas del Canal. Ante lo que Donald Trump exclamó exultante: “¡Estamos recuperando el Canal!”