La exclusión de James Rodríguez, de la selección nacional, genera un quebradero de cabeza para entender razones, decisiones y aceptar soluciones.
Todo tan complejo.
Conduce, la abrupta salida del futbolista, a un severo castigo por parte de los aficionados, en casos enceguecido y desbordado, porque al margen de consideraciones tácticas y técnicas, lo descalifican, lo maltratan y lo irrespetan con desconocimiento a sus valiosos aportes del pasado.
Hay quienes dudan del profesionalismo del mediocampista nacional, o su evidente pérdida de amor por el fútbol y su desgano actual para competir.
Messi, fulminado por las críticas, después de cada torneo, celebra con alborozo no disimulado, al igual que Cristiano Ronaldo y Neymar, cada una de las invitaciones a formar parte de los procesos con su selección.
Para ellos, es lo máximo. Para el 10 colombiano, lo fue hasta hace poco.
No es una huida calculada, ni un despido para siempre. Sus convocatorias en el futuro, porque las habrá, originarán expectativa y excitación. Pero si es una prueba de fuego, arriesgada, para medir el temple del entrenador Rueda, a la hora de recomponer el camerino.