En vísperas de fin de año, un momento que debería llenarnos de optimismo y expectativas renovadas, los mensajes provenientes de la Casa de Nariño dibujan un panorama desalentador. En lugar de plantear iniciativas ambiciosas para fomentar el desarrollo del país, lo que se anuncia son recortes drásticos en inversión que afectan directamente a los más vulnerables. Este escenario desafortunado, no solo incrementa la incertidumbre general, sino que también pone en entredicho las prioridades del Gobierno y su capacidad para enfrentar los desafíos económicos que se avecinan en 2025.
Las Comisiones Económicas Conjuntas aprobaron el archivo del Proyecto de Ley de Financiamiento, debido a los riesgos fiscales y sociales que planteaba. La flexibilización de la Regla Fiscal habría permitido al Gobierno Nacional un mayor endeudamiento público, ya que ampliaba el gasto en $5,3 billones en 2025, según cálculos del Ministerio de Hacienda y Crédito Público. Expertos alertaron sobre los efectos negativos que esta medida podría tener en la calificación de riesgo, la TRM y, en consecuencia, en el aumento de los costos de financiamiento de la Nación. En este sentido, la Ley de Financiamiento no proponía ingresos adicionales por $9,8 billones, como se afirmó en el discurso oficial, sino por $4,5 billones. Además, planteaba incrementos en los impuestos al carbono y a los combustibles de transición, como el Gas Licuado de Petróleo y el Gas Natural, que habrían impactado directamente la canasta familiar, incrementando la inflación. Las inconsistencias en las políticas de transición energética que ofrecían incentivos por un lado y penalizaciones por otro, generaban incertidumbre en los sectores económicos.
Días después del hundimiento del Proyecto de Ley de Financiamiento que, como lo mencionamos, generaba graves consecuencias, el Gobierno Nacional anunció recortes en inversión para las regiones y ajustes al programa ‘Mi Casa Ya’, decisiones que fueron interpretadas como represalias políticas contra quienes se opusieron a la iniciativa. Estas medidas no solo limitan el acceso de miles de familias a subsidios de vivienda, afectando el déficit habitacional, sino que también restringen recursos para proyectos de infraestructura y desarrollo social en las regiones, ampliando las brechas territoriales existentes. Con ello, el Ejecutivo no solo genera tensiones sociales, sino que pone en duda su compromiso con la equidad y el desarrollo regional.