Cuando corrompen las emociones. Viendo el partido de Colombia- Uruguay, en afortunada repetición (Gol caracol), llega de nuevo la pasión al tope por la victoria y por el gol magistral de James Rodríguez, que lo catapultó a la élite del fútbol.
Triunfo aquel que situó a la selección en cuartos de final del mundial 2014, en medio del frenesí de los hinchas, para la posterior, decepcionante, e inexplicable caída ante el local Brasil. A propósito: ¿fue gol de Yepes?
Tantos detalles inadvertidos de aquel partido, u olvidados al calor del resultado. Entre ellos que, al margen de sus goles bien elaborados, el trabajo global de James no fue de alto nivel. Formidable fue la actuación de David Ospina, relegado en el reparto de aplausos y elogios.
Cuanta calidad en James, a lo largo del torneo. Tanto fútbol hoy despilfarrado, relevado su protagonismo futbolero por exhibiciones fuera de los estadios, que lo hacen protagonista sin influencia sobre la pelota, su club, o sus partidos. Qué pena da verlo a la deriva.