Esta tendencia que en varias partes del mundo data de hace varias décadas y que al día de hoy ha quedado en evidencia su capacidad destructiva de los valores básicos de la sociedad y de las libertades individuales, entre ellos los propios del concepto de familia, empieza tardía pero peligrosamente a tener mayor relevancia en Colombia gracias a la caja de resonancia que el gobierno de Gustavo Petro, sus colaboradores y sus seguidores le hacen, ahora financiados con dineros públicos.
Aun cuando el significado literal de “woke, el pasado de “wake” en inglés, que significa “despertar” pareciera corresponder a un acertado camino que lleva a adquirir una mayor conciencia social, la realidad ha demostrado que no pasa de ser una perversa dialéctica minuciosamente concebida y definida por las élites mundiales en la tarea de acabar con la cultura existente para imponer un nuevo orden que solo tiene un fin: acabar con la libertad individual.
Pemitánme darles un dato de cómo en el país los promotores mundiales de este movimiento vienen financiando el actuar de políticos locales que hacen eco al tema. La famosa pero inane e insensata gira que hizo la vicepresidente Francia Márquez por Sudáfrica, Kenia y Etiopía que tuvo un desperdicio de recursos públicos cercano a los 1.700 millones de pesos por concepto solo de combustible -contradicción con el mensaje ambientalista que difunde-, fue cofinanciada con varias decenas de miles de dólares por las Open Society Foundations detrás de las estaba el recientemente fallecido magnate húngaro George Soros. Así lo reconoció la señora Márquez en la red social X en su oportunidad, con el apoyo del presidente Petro .
Esta batalla cultural financiada por personajes como Soros, que en buena hora en los Estados Unidos de América empiezan a perder los wokistas con la llegada de Donald Trump, ha tenido y aún tiene muchos seguidores gracias a que en la música, en el cine, en la prensa, en el periodismo, en las escuelas, en las universidades, en el teatro, etc., como lo refiere el politólogo Agustín Laje, se ha logrado interiorizar una tendencia de izquierda superficial pero proclive a los mensajes del wokismo que sin lugar a dudas resultan muy sugestivos porque engañosamente se basan en la defensa del ambiente, la diversidad, la igualdad, la mujer, la ideología de género, etc., cuando el fin oculto buscado -ya no tanto- es limitar la libertad de los individuos.