En el primer minuto de su entrevista en La Hora de la Verdad, Federico Gutiérrez dejó muy claro lo que se propone realizar desde el 7 de agosto próximo al ofrecer un total respaldo a las Fuerzas Militares poniendo el énfasis en que él mismo las liderará. Estas son palabras mayores que no le escuchamos decir al actual presidente cuando estaba en campaña. La calma chicha que se vivió en los meses previos a la elección presidencial de 2018, luego de que nos birlaron el plebiscito, dejó a un lado el problema fundamental que el país tenía que enfrentar, la lucha contra las estructuras criminales alimentadas principalmente con la industria multimillonaria de la cocaína.
Las consecuencias de ese descuido están a la vista, Colombia está tomada y el paro armado del Clan del Golfo, que afecta ya a diez departamentos, es una muestra flagrante de ello. Mientras los criminales se muestran cada vez más poderosos, el Estado se conforma con dar unos golpes aislados que no alcanzan a afectar los cimientos de esa sólida estructura que se fortalece con la minería, el tráfico de personas, la extorsión, el secuestro y un largo etcétera.
El presidente Duque se desentendió de su responsabilidad como jefe máximo de las Fuerzas Militares dejando en manos del ministro de Defensa la coordinación del accionar de la fuerza pública sin una estrategia global, la que sí implementó Uribe al comienzo de siglo contando con el soporte del Plan Colombia que se diseñó al final del gobierno de Pastrana.
Mi esperanza se sostiene en que Duque, durante sus giras internacionales, haya logrado alianzas que nos ayuden a terminar definitivamente con el flagelo del crimen organizado, que se ensañó con Colombia, y quede en manos de Federico Gutierrez la misión que nunca asumió.