El 6 de marzo salió al público la novela póstuma de Gabriel García Márquez, fallecido hace ya 10 años, como un obsequio para sus millones de lectores alrededor del mundo; editada con la misma exquisitez y humildad con la que el autor narraba sus historias. El significado de esta publicación convierte a esta novela corta en una obra imprescindible en cualquier biblioteca.
Debemos agradecer la “traición” de sus hijos, Rodrigo y Gonzalo, por ofrecernos esta píldora de su padre, ya que fue publicada en contra de los deseos del nobel colombiano. Esta historia rápida y controversial narra las aventuras eróticas de una mujer de mediana edad, Ana Magdalena Bach, quien cada 16 de agosto deja su ciudad durante 24 horas para visitar la tumba de su madre en una isla caribeña, donde ella eligió ser sepultada.
La protagonista viaja en ferry para poner flores en la tumba de su madre antes de regresar con su marido, y por una noche escoger un nuevo amante. Bajo un escenario de cielos tropicales, Ana Magdalena, viaja cada año al interior de su deseo y el miedo escondido en su corazón. Es un escrito con una profunda meditación sobre la libertad, el arrepentimiento, la autotransformación y los misterios del amor.
Uno de los puntos más interesantes de leer “En agosto nos vemos” son las emociones impredecibles que genera la propia historia en sí mediante la música, desde las primeras páginas el autor menciona a un compositor, una pieza de jazz o de música clásica, una salsa, un vals, o un bolero, alimentando el texto con una gran procacidad musical. Como lectores podemos identificarnos con cada escenario en donde se desentraña la historia por la forma en que su musicalidad nos une con el relato, mientras escuchamos una banda sonora que nos llena de imágenes y sensaciones.
Esta novela corta es un texto pletórico de música, en un primer momento se escucha Claro de Luna de Debussy en un atrevido arreglo en piano como bolero, menciona grandes melodías de compositores de música clásica como Grieg, Mozart, Schubert, Dvorâk, Chaikovski, Brahms y Aaron Copland, y exalta el Danubio Azul del austriaco Johann Strauss, para alimentar los oídos de quienes nos adentramos en esta obra del nobel.
Igualmente, el autor nos deja un delicioso mix con Celia Cruz, Elena Burke, Los Panchos, boleros del mexicano Agustín Lara e interpretaciones de música italiana gracias al saxofón de Fausto Papetti, y bellos momentos amenizados con un danzón cubano al modo de Rajmáninov y algunos arreglos para bolero al estilo de Chopin. Con la finalidad de internarnos a un mundo fascinante para lograr imaginar las escenas descritas, el rostro de los personajes, y que en cada línea nos emocionemos más.