Wang Huning es uno de los hombres más poderosos del mundo, y si usted pregunta a la Inteligencia Artificial por un libro en español sobre este personaje le dirá que no lo hay. Lo cual habla muy mal del espíritu de investigación en el ámbito de nuestra lengua común. El señor Huning tiene varios libros sobre su especialidad, la política, de los que tampoco encontrará nada en español. Ni se habla de él, pues, ni se conoce su obra. ¿Y por qué resulta interesante un personaje a quien llaman el Kissinger chino? Porque es clave en las decisiones que se toman en China sobre el manejo de esa nación.
Esta semana, el South China Morning Post, el periódico más importante de Hong Kong, traía la reseña de uno de esos eventos que apenas suelen llamar la atención al lector medio de prensa diaria. En una llamada “Cumbre Global de Líderes Financieros” celebrada en la ex colonia británica al sur de China, Liu Shijin, un economista ligado a cierta institución gubernamental, desglosó una serie de medidas destinadas a estabilizar la sociedad china del momento.
Habló de ayudas financieras a la población, de mejorar los servicios, especialmente para los trabajadores migrantes de zonas rurales en áreas la como vivienda asequible, educación, sanidad, seguridad social y cuidado de ancianos Que el gobierno compre los apartamentos sin vender para convertirlos en "alojamiento preferente" para trabajadores que llegan del campo y un largo etcétera. Y, por supuesto, se habló del previsible impacto negativo que anticipan en China para cuando se ponga en marcha la nueva administración norteamericana de Donald Trump y su anunciada política de incremento de aranceles a las importaciones chinas.
Quien se remonte al origen de estas medidas por el cargo y personalidad de conferenciante, se encontrará con el nombre del Centro de Investigación sobre el Desarrollo del Consejo de Estado del Pueblo Chino (CCPPC), a la cabeza del cual se encuentra Wang Huning, una de las figuras destacadas del opaco engranaje de poder del gigante asiático. Entender cómo funciona aquella maquinaria política es uno de los mayores retos para los especialistas.
Lo poco que se sabe, resumiéndolo mucho, es que tras una serie de maniobras, un reducido grupo de notables designa al secretario general que, según su fuerza, impone al resto de los miembros del Comité́ Permanente del Politburó́ (CPPB). Éste a su vez elige a los miembros del Politburó (PB), y éste otro a los miembros del Comité Central (CC). Nunca se sabe cuánto poder corresponde a los distintos organismos del Partido Comunista de China ni a sus diferentes miembros, pero conviene recordar que, formalmente, durante el congreso quinquenal se elige a un Comité Central. En este ambiente de maniobras secretas pertenecer al Comité Permanente coloca a sus miembros en las mejores condiciones para dirigir el proceso.