Francesco Citarda piensa que las uvas en su viñedo siciliano hacen más que producir un vino excelente. En el Alto Belice Corleonés, una zona asediada por la presencia de la mafia, Citarda sostiene que los productos de su cooperativa pueden combatir la delincuencia organizada desde su raíz.
Es miembro fundador de la cooperativa La Placido Rizzotto Libera Terra. Produce alimentos con sus tierras de cultivo, su bodega y sus olivares y gestiona el agroturismo, una granja que recibe a turistas. Y todo ello en una exuberante finca de 250 hectáreas que el gobierno le confiscó a la delincuencia organizada.
La cooperativa, creada en 2001, fue la primera de nueve de la red Libera Terra (tierra liberada). La red comparte conocimientos y recursos entre sus cooperativas y ahora emplea a unas 170 personas.
Citarda afirma que La Placido Rizzotto ha traído el cambio, en una región donde la mafia domina en la esfera social y económica, sin prestar atención al desarrollo local ni los derechos de los trabajadores.
Los miembros de la cooperativa rehabilitaron las tierras y las propiedades que quedaron en ruinas después de que el gobierno se las arrebató a los grupos delictivos. La cooperativa creó vínculos con la población local y consiguió créditos para, en última instancia, generar una serie de resultados productivos. Y lo han hecho sabiendo que la mafia es sospechosa de intimidar yatacar de manera rutinaria a otras cooperativas similares.
“Hemos demostrado que incluso en los contextos más difíciles en los que operamos se puede elegir”, afirmó Citarda.
Las leyes italianas permiten la reutilización social, aunque no la venta, de las propiedades incautadas a las personas condenadas por su participación en la delincuencia organizada. Una vez confiscadas las propiedades, pueden ponerse a disposición de los grupos que deseen pujar por ellas. Libera Terra (que forma parte de la organización antimafia Libera) ayuda a los grupos a presentar licitaciones. Tras ganar una licitación, capacita y orienta a las cooperativas gestoras.
Las nueve cooperativas de Libera Terra —que obtuvieron ingresos de cerca de 8,3 millones de dólares en 2019— son parte de los cientos que utilizan propiedades confiscadas en Italia. Otros países también recurren a la reutilización social; por ejemplo, en 2018 la Unión Europea financióuna panadería dirigida por residentes de Albania en un inmueble confiscado. Su objetivo era enviar el mensaje de que lo que se roba a la sociedad puede y debe devolverse.
Todos los gobiernos pueden confiscar las propiedades de la delincuencia organizada, aunque la manera en que lo hacen varía. Sin embargo, la confiscación de propiedades no suele ser un problema, sino su gestión.
El modelo de Libera Terra se ocupa de eso. Es una manera de reutilizar las propiedades confiscadas para redistribuir la riqueza a nivel local, mediante la creación de puestos de trabajo para los habitantes de la zona, muchos de los cuales tenían pocas alternativas además de trabajar para la mafia. Citarda considera que se trata de una modalidad muy visible y simbólica de justicia social.
La cooperativa de Citarda cuenta ahora con nueve miembros y emplea a 22 trabajadores permanentes y estacionales de la zona. Solo utiliza métodos de cultivo orgánicos y ecológicamente sustentables. Su trigo, garbanzos y uvas generaron una facturación de unos 890.000 dólares en 2019.
Los socios de la cooperativa obtuvieron la licitación para utilizar la propiedad y luego tuvieron que ganarse la confianza de la recelosa población local para transmitir su visión del respeto a la tierra, los trabajadores y el producto final.
Citarda afirma que revivir los campos en barbecho y los edificios en ruinas fue un gran reto. Sin embargo, añade: “El objetivo es demostrar el valor y la importancia de la reutilización social de los bienes confiscados para el renacimiento de territorios enteros”.
Resulta difícil cuantificar el impacto que tiene en la mafia la reutilización social, en lugar de la sola confiscación. Sin embargo, los presuntos intentos de los grupos criminales para intimidar a la gente que dirige las cooperativas son un ejemplo de su actitud hacia ellas.
Libera publicó una investigación sobre la reutilización de cerca de 800 propiedades confiscadas en toda Italia, que constata que beneficia el desarrollo regional y el empleo, en especial para los jóvenes.
“Libera hace un gran trabajo”, afirma Michele Riccardi, investigador principal de Transcrime, en la Università Cattolica del Sacro Cuore. “Sus productos son bien conocidos y de muy alta calidad”.