Después de las fiestas, el retorno a la normalidad.
Resaca de trasnochos y parrandas, vacío de vacancia, con la obligación laboral. Con “reducción de equipaje”, por el alejamiento de la gente tóxica, de escépticos, y con la esperanza, así sea difícil, de una vida mejor.
Atrás quedaron el sosiego del campo, los bullicios de ferias, los homenajes a Pelé, quien ganó por goleada el pulso a mejor del mundo; los recuerdos de Linda Caicedo con su orgullosa “pandilla juvenil” y Freddy Rincón, quien, ya fallecido, va desapareciendo en la memoria que olvida.
El fin de año, el mejor pretexto para la alegría genuina en familia, con reencuentros sentidos, con libertad para comer sin límite y rumbear hasta los villancicos.
Qué movida y nostálgica la música de diciembre.
Mejora la salud de Juan Gossain, a cuenta gotas. Donde hay vida hay esperanza. ¡Gracias Dios!
El ruido del fútbol lo producen la justa, pero fatigante y empalagosa celebración argentina del título mundial, que ya tiene rechazos y contradictores, por la costumbre de convertir a cada futbolista en un Dios.
Influencia en el mercado del futbol con Ronaldo como protagonista. En Colombia el ir y venir de futbolistas pasados de años. Marrugo de suplente con 37, en el Medellín, la fórmula "renovadora" de Santa Fe; Rodallega que no deja de sonar, buscando la ruta del América, rumbo a los 40; Teo, 37, con sus escándalos y caprichos, con cabida en el mercado laboral. Dayro Moreno, 37, con goles y trasnochos, idolatría desbordada en Once Caldas. Solo unos casos.