Sin lugar a dudas fue un gran acierto el nombramiento del ex magistrado Néstor Osuna en la cartera de Justicia, no solo por su talante de ser un gran Jurista y por haberse destacado en la magistratura como un hombre pulcro, estudioso y honesto, sino también por ser una persona con perspectivas de desarrollo jurídico de gran bagaje, circunstancia que le permite ver el Estado de Derecho o “Rule of Law” como lo llaman los anglosajones no como una compilación de catálogos jurídicos, y compendios normativos que poco o nada logran satisfacer las demandas de la sociedad frente a la administración de justicia y el Estado de Derecho.
El paradigma para lograr ver hoy día el Rule of Law, mas allá de los catálogos, los precedentes judiciales, la doctrina y el sistema de casos en las diferentes jurisdicciones, es precisamente poder brindar garantías plenas a los ciudadanos de poder ejercer dentro del marco jurídico existente, no solo los derechos de acción a los que tiene desde luego derecho desde la constitución de 1991, sino lograr que de manera eficaz la administración de justicia logre el reto de interpretar y satisfacer de alguna manera esas necesidades sociales a fin de llevar esas expresiones jurídicas leales a los principios y valores rectores de la constitución que nos gobierna.
El reto de lograr encontrar esas expresiones de la administración de justicia, las cuales solo podrán verse mediante sentencias, independiente que logren o no satisfacer las expectativas de quienes ruegan justicia en cualquiera de las jurisdicciones que se ejerza, no siempre logran terminar esos largos procesos de manera normal es decir mediante sentencia, bien sea por fenómenos jurídicos como la prescripción o la perención, circunstancias que de alguna manera podrían minar los fines esenciales de la administración de justicia, por cuenta del gran cumulo de peticiones judiciales, que no muestran algo diferente de ser la muestra de una sociedad enferma y empecinada en fomentar conflictos.