Amo los juegos olímpicos. Son un espectáculo alucinante, como ejemplo de disciplina, resiliencia y perseverancia.
Sometidos a intensos escrutinios, para preservar el juego limpio en las competencias, con deportistas que trabajan años para pelear por un segundo.
Atletas, héroes de ayer, hoy y siempre, en la memoria, por sus hazañas, en las que tan importantes son un equitador, un gimnasta, un ciclista de ruta, pista y campo; un boxeador, un basquetbolista, un atleta o un nadador.Todos por sus países.
El fútbol siempre en segundo plano, sin los mejores exponentes, porque la FIFA, en ellos, no gobierna.
Con las historias que subyacen, como el valor de la gimnasta Simone Biles, al negarse a competir porque mentalmente no se encuentra en estado puro.
Y los deportistas con diversas tendencias sexuales, que se imponen día a día, sin importarles el escarnio público. Algo tan injusto.