Paralizante la pandemia, ni se previó ni se controló. Dejó al aire tantas miserias, que rebasan la indiferencia, la irresponsabilidad, la negación a su existencia y la belicosidad. Con los derivados propios como la iliquidez, la inseguridad, el desempleo y el hambre, que galopan causando daños.
Pero, aunque lentas, aparecen las soluciones. La vacuna es un alivio que nos da esperanza. Acentúa, de paso, la probabilidad de ver de nuevo al público en los estadios, pistas y campos.
En el fútbol doméstico, el que, avanzadas las fechas de calendario no despega porque carece del despliegue técnico para agradar y convencer, prevalecen ácidos comentarios de opinadores enfrentados, con descalificaciones, rechazos y desafíos. Todos históricos, con inocultables brotes y rebrotes de celos e irrespeto.
El 'Tino' se empeña en demostrar que ninguna responsabilidad tuvieron los futbolistas en el fracaso de la selección en el 94. Señala a la afición y exime a los suyos, con versiones que desvirtúan la historia.
Freddy Rincón se reafirma en sus tesis sobre James Rodriíguez: “No es un crack”. Y se explaya en su discernimiento sobre sus carencias.