A diferencia de las autoridades, los ciudadanos tenemos un recurso muy preciado, el tiempo. Tiempo para recoger y analizar la información, formar una posición basada en criterios y no en prejuicios o emociones. Sin embargo, mientras escribo esta columna se destilan millones de mensajes de odio contra aquellos que piensan diferente, menoscabando uno de los principios fundamentales de una democracia, la fraternidad.
También sufrí el abuso de unos policías cuando era más joven, en una riña dentro de un establecimiento (comportamiento reprochable por el cual me disculpo) me redujeron siendo menor de edad, me pedían sobornos a cambio de dejarme libre y me llevaron a la UPJ donde me soltaron precisamente porque su proceder fue y sigue siendo ilegal, me golpearon varias veces por decirles que respetaran el uniforme. Cuento esta anécdota porque vengo de una familia con profunda tradición militar, la cuento porque todos somos vulnerables a este tipo de abusos.
La reacción de indignación es natural y legítima mediante la protesta social que además es una demostración esencial de garantía de derechos, derechos que no son absolutos y bajo ninguna circunstancia pueden pasar por encima de terceros. No pueden robarse un bus y atropellar a una señora, no pueden quemar buses pagados con los impuestos ciudadanos quitándole el derecho al trabajo a miles, mucho menos vandalizar bienes públicos y atentar contra la vida de policías inocentes. Los policías tampoco pueden abrir fuego contra la ciudadanía indiscriminadamente.
Las pretensiones populistas e inconstitucionales como desarmar la policía, reducir el pie de fuerza o quitarles presupuesto no solo los expondría más a la delincuencia, sino que aumentaría de manera dramática la inseguridad ciudadana. Pero hay temas que si se deben revisar, el primero es definir si la jefatura de policía debe seguir a cargo de los alcaldes, de ser así, jerárquicamente deberían dejar de responder al gobierno. Para dar ese paso se debe suscribir la policía al Ministerio del Interior y convertirla en un cuerpo civil, esto no es posible porque la guerra contrainsurgente lamentablemente no ha terminado y la Policía ha sido un aliado fundamental de nuestras Fuerzas Militares. En segundo lugar se deben revisar los protocolos de entrenamiento, como tercer punto, se debe evaluar el fuero de algunos agentes, no es lo mismo combatir en las montañas y selvas de Colombia que ser patrullero en un casco urbano. Por último, la más práctica: Pongan cámaras en las solapas de los uniformes de policía y en los CAI, vigilan el proceder de los agentes y mejoran la inteligencia.