María Eugenia Parra destacó en la pantalla chica colombiana de los ochentas y noventas, en la época de las programadoras, cuando las novelas eran producciones de tramas complejísimas y —por eso— exitosas y recordadas.
La actriz boyacense se trasladó a Bogotá a estudiar teatro. Su primera oportunidad en la televisión se dio en la miniserie Carmentea, junto con Patricia Grisales. Sin embargo, sus dos roles más recordados fueron sus protagónicos en las series Asunción (1991) y La pantera (1992). Este último papel, el de una campesina que se enamora de un hombre con poder y luego toma venganza de la sociedad que la despreció, fue el más recordado de su trayectoria.
Como María Eugenia le contó al magacín La Red, “la televisión era muy especial: todas las novelas, el público, los ratings, la forma como se hacían los libretos, la forma como se dirigían los actores; todo fue muy importante, muy especial”.
En los noventa participó en otras producciones como Lucerito, Solo una mujer (1993) y Paloma. Luego desapareció de la televisión porque fue y regresó de Estados Unidos durante cuatro años y perdió los contactos que tenía en los medios de comunicación colombianos, que cambiaron a toda velocidad a comienzos de los 2000.