Nació en Bogotá, en el seno de una familia, paradójicamente, costeña. Su mamá es de Cartagena y su papá de Montería, aunque él se autopercibe completamente rolo.
Todas estas características las reúne Estiwar Gamboa, su inconfundible manera de hablar delata su identidad. Su original estilo confirma que es una persona única, al igual que su contenido en redes sociales.
Sin embargo, detrás de su fama actual hay una historia de vida conmovedora; detrás de esos lentes oscuros se esconde el rostro visible del sufrimiento que pasan los jóvenes que se aferran a las drogas despojados de su propia voluntad.
Se crió en el barrio 7 de agosto y allí ha vivido durante toda su vida, hasta el día de hoy.
A sus 12 años, la curiosidad lo llevó a vivir una vida de adulto. Comenzó con el alcohol, después pasó al cigarrillo y luego se encontró con todo tipo de drogas.
“Empecé tomando, después vino el cigarrillo y después la marihuana. Eso es una cadena de eventos en los cuales usted se ve envuelto con personas con las que usted no debe estar”, afirma Estiwar en diálogo con KienyKe.com.
Su proceso para salir de ese pozo le tomó varios años, la adicción se convirtió para él en un largo viaje sin pasaje de vuelta. Fue internado varias veces en centros de rehabilitación, pero se demoraba más en llegar que en salir. Hizo parte de fundaciones para personas de bajos recursos en las que el proceso era más duro y sin acompañamiento psicológico. También probó en centros de costo medio en donde el proceso era más suave y contaban con psicólogos. Por supuesto, la desigualdad no escapa tampoco a los procesos de rehabilitación de quienes consumen drogas.