“El que no espera lo inesperado no lo encontrará”, esta frase del filósofo griego Heráclito de Éfeso (540 a.C – 470 a.C) me ha acompañado desde hace muchos años y hoy en estos difíciles momentos, cobra mucha utilidad a propósito de la oscura amenaza del coronavirus que afecta al planeta.
Todos los colombianos necesitamos una dosis muy fuerte de resiliencia y esperanza, y esta máxima bien entendida junto con una actitud realista, disciplinada y paciente, nos puede ayudar a adaptarnos al actual confinamiento nacional decretado en forma sensata por el Presidente Iván Duque, pues al parecer el aislamiento personal y social es una de las medidas más efectivas para lograr bajar la curva de infecciones causadas por el COVID -19.
Esperar lo inesperado significa que no siempre lo que planeamos desde nuestra estrategia inteligente se puede lograr, pues en ocasiones estas metas y objetivos a los cuales le hemos dedicado casi todo nuestro tiempo y energía para conseguirlos, pueden fracasar dejándonos agotados y frustrados. Nos gustaría creer en una existencia más segura y estable, pero la vida es dinámica y estamos expuesto a cambios inesperados que no podemos controlar.
Alguna de las formas para afrontar las crisis de la existencia es la de aprender a moderar el egocentrismo y ejercitar la virtud de la paciencia, debido a que muchas veces ante las tragedias personales debemos ser humildes y aprender a pedir ayuda a los demás, especialmente a un Poder Superior para sobrevivir y tomar aliento, con el fin de continuar superando los obstáculos.
Cuando algo tan inesperado (quizás nunca imaginado por todos) sucede, nos abruma el miedo y la ansiedad al no poder controlar los eventos que nos ocurren en la vida. Eso me recuerda las tres “C” que se mencionan en algunos grupos de apoyo de la comunidad terapéutica ante los desbordes emocionales de los alcohólicos o codependientes: yo no lo Cause, yo no lo puedo Controlar y yo no lo puedo Curar.
Cortesía Armando Martí
En mi opinión, el coronavirus es el resultado de muchos malos inventos y errores de la globalización económica que alientan al consumismo frenético en las personas y que como se demuestra en las actuales circunstancias, no sirve para nada.
Esta pandemia es la gota que rebosa la copa de una sociedad cansada de sí misma y con grandes vacíos interiores, los cuales se reflejan en la urgente necesidad de un cambio sustancial hacia un nuevo sentido de vida para volver a hacer las cosas bien y de esta forma, erradicar el rol social de fingir que se es feliz y que “todo está muy bien”. Es entendible, que, en medio de tantas mentiras, terminemos enfermándonos.
En el fondo, muchos de nosotros intuíamos la actual crisis social, esperábamos un nuevo amanecer para reaccionar y así despertar de este sueño aparentemente “lúcido”, pero que se está convirtiendo en una interminable pesadilla compuesta de vanidad, apariencia, manipulación, discriminación social, obsesión por el dinero, adicción al trabajo y la prelación por la explotación de los recursos del planeta junto con el exterminio de las especies naturales.
Ante esta locura generalizada, era de esperarse que el mundo colapsara de esta manera. Este “surmenage” del término francés que significa “demasiada carga”, es al parecer la única forma de detener esta carrera absurda y tratar de sobrevivir a nuestra propia destrucción, construyendo nuevos paradigmas basados en el bienestar comunitario de una existencia sencilla en donde la sanidad mental, el sosiego espiritual y el deseo de solidaridad planetaria son las principales premisas.
Los efectos psicológicos del confinamiento
Armando Martí entrevistando a la psiquiatra Dra. Ana Millán / Cortesía Armando Martí
Con el fin de ofrecer a los lectores una orientación profesional e idónea ante la compleja situación de salud física y mental que está generando el COVID-19 en nuestro país, entrevisté a la Dra. Ana Millán Camargo, médica cirujana de la Universidad Nacional y médica psiquiatra de la Universidad del Bosque con maestría en filosofía, también de la Universidad Nacional de Colombia. La Dra. Millán, se ha desempeñado entre otros importantes cargos como jefe de psiquiatría de la Fundación Santa Fe y psiquiatra de planta de la Clínica Monserrat. En su consulta privada, es especialista en el manejo y resolución de las crisis emocionales.
Armando Martí: Dra. Ana Millán, gracias por aceptar esta entrevista que estoy seguro nos aumentará la luz al final del túnel que hoy ante esta pandemia mundial todos los colombianos estamos buscando. Desde su óptica como psiquiatra, ¿cómo ve la globalización del miedo y la ansiedad?
Dra. Ana Millán: Armando, usted lo acaba de mencionar con el término “globalización del miedo” y efectivamente lo grave del coronavirus es que es una infección de muy rápido contagio internacional. Además, por medio de la globalización se ha extendido a más de 181 países.
También, es importante tener en cuenta, que hoy en día en la era de la digitalización, conocemos los datos y la opinión de los demás en un instante, lo cual genera que la ansiedad se dispare en la población. ¿Por qué? Pues no nos encontramos preparados mentalmente para manejar esa cantidad de conocimiento real pero muy impactante para nuestro sistema nervioso.
No debemos negar la realidad, sin embargo, es el exceso de información “rápida” lo que hace que las personas entren en ansiedad y angustia. Por eso, considero que estamos frente a dos pandemias: una biológica (coronavirus) y una psicológica (estrés y ansiedad).
Armando Martí: ¿Qué efecto tiene en la mente humana esa inmediatez de la información?
Dra. Ana Millán: En la crisis de epidemias anteriores, la información se demoraba en llegar debido a que las personas tenían que navegar grandes distancias y los sistemas de comunicación eran precarios, lo cual les permitía procesar los datos y la realidad.
Así como uno come y hace una digestión física de la comida, de igual manera, cuando recibimos información, debemos darle un proceso psicológico, es decir, “metabolizarlo mentalmente” para poder mantener la vida con unos montos de angustia razonables.
En realidad, todos nacemos, crecemos y morimos sin saber cómo ni cuándo. Con tanta información recibida terminamos por afectarnos negativamente de varias maneras. Por eso, los datos deberían ser conocidos y manejados por los expertos en la salud o en otras áreas gubernamentales, para no propiciar una especie de “estampida social”. Les aconsejo a las personas que mantengan la calma para moderar y filtrar a través de pausas sensatas, toda la información que reciben.
La Dra. Ana Millán es una reconocida psiquiatra colombiana con un amplio bagaje profesional / Cortesía Armando Martí
Armando Martí: Después de esta pandemia, ¿se puede generar un efecto colateral que desemboque en un estrés postraumático en la población?
Dra. Ana Millán: Ya se están disparando los trastornos de ansiedad generalizada y enfermedades mentales, las cuales aumentarán cuando empiecen a registrarse pérdidas en Colombia, pues el país está hasta ahora en su fase inicial.
Armando Martí: ¿En este caso la realidad supera la ficción y nunca pensamos ser los protagonistas de esta especie de película de terror?
Dra. Ana Millán: Exactamente, nunca nos imaginamos esta situación la cual se sensibiliza todavía más con el exagerado uso de la tecnología y la virtualidad. Recordemos que ante todo somos seres vulnerables biológica y emocionalmente, por eso nos afecta todo lo que pasa al exterior desde nuestra situación económica laboral y social. Cuando cualquiera de estos aspectos es alterado las defensas psicológicas se debilitan.
Como sociedad debemos reaccionar para colaborarnos entre todos. Es el momento de apoyarnos, pues si uno cae, podemos ayudarlo a levantar, asumiendo con valor y madurez estás consecuencias. De ahí que lo que antes parecía ciencia ficción, hoy es una realidad, ojalá como en algunas películas, con un final feliz, todo depende de nuestra solidaridad y conciencia social.
Me parece importante resaltar la necesidad de tomarnos con responsabilidad esta terrible pandemia y acatar las medidas de protección de las autoridades competentes, cuidando especialmente de las personas mayores y aquellas que están indefensas.
Armando Martí: ¿Cree que la humanidad se olvidó de su propia esencia interior por estar buscando un ilusorio mundo de comodidades materiales y exageradas distracciones que a la postre le dejaron más vacía el alma?
Dra. Ana Millán: Considero que esta pandemia nos va a traer muchas lecciones, pues debemos entrar en una profunda reflexión para valorar lo que realmente es importante y fundamental en la vida. No todos tenemos defensas ante la cantidad de virus y bacterias en el planeta, el cual, dicho sea de paso, nunca volverá a ser el mismo y nosotros tampoco.
Por ejemplo, la movilidad global de viajes aéreos, marítimos y terrestres aumentó la gran velocidad de la propagación del virus COVID-19. De modo que cuando para algunas personas lo primordial son los lujos, las vacaciones, la belleza y tantas otras cosas inútiles, se distraen de lo esencial creyéndose invencibles desde su inmadura arrogancia y se olvidan de que fundamentalmente somos seres biológicos absolutamente frágiles.