En una noche de alta tensión y fútbol estratégico, el Bayern Múnich selló su pasaporte a la final de la Copa de Alemania tras vencer al Bayer Leverkusen por 0-2. Con una exhibición de jerarquía liderada por Harry Kane y una "joya" final de Luis Díaz, el equipo de Vincent Kompany silenció un BayArena que empujó hasta el último suspiro.
El martillo de Kane impone condiciones
Desde el pitazo inicial —retrasado cinco minutos por el humo de la pirotecnia en las gradas—, el Bayern Múnich funcionó como un reloj suizo. Con una presión asfixiante y una posesión que rozó el 60%, el equipo bávaro arrinconó a un Leverkusen que no lograba dar tres pases seguidos.
El dominio se materializó en el minuto 22. Tras una incursión por la banda derecha, el balón llegó a los dominios de Harry Kane, quien con un derechazo letal y colocado a la escuadra, venció la resistencia de Mark Flekken. El 0-1 hacía justicia a lo visto en el campo, donde incluso el Bayern pudo ampliar la ventaja antes del descanso si Michael Olise o Aleksandar Pavlović hubieran estado finos en la definición.
El muro de Neuer y la resistencia bávara
En el complemento, el guion cambió. El Leverkusen dio un paso al frente y, al minuto 49, obligó a Manuel Neuer a vestirse de héroe con una atajada monumental tras un disparo con veneno desde la medialuna. La tensión aumentó con reclamos de penales por manos en el área y un juego que se tornó físico y friccionado.