Cuando José Luis Herrera entre al estadio para ver por primera vez un partido de una Copa del Mundo, sentirá que habrá cumplido mucho más que un sueño personal. Después de más de dos décadas de espera, llegará al torneo que marcó buena parte de su vida, pero también al destino de una historia que comenzó mucho antes de comprar un boleto, de participar en sorteos de la FIFA o de planear un viaje. Comenzó entre sobres de estampas, álbumes Panini y las tardes que compartía con su tía Paty.
José Luis tiene 37 años y pertenece a una generación de mexicanos que creció escuchando hablar del Mundial de 1986 sin haberlo vivido. Durante años imaginó cómo sería asistir a una Copa del Mundo organizada en su propio país y, mientras esperaba que ese momento llegara, encontró una manera de acercarse al torneo cada cuatro años. Lo hizo a través de los álbumes mundialistas, una tradición que comenzó en 2002 y que terminó convirtiéndose en una de las pasiones más importantes de su vida.
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Pero aquellos álbumes nunca fueron solamente una colección. Cada uno guarda una historia familiar. José Luis recuerda que junto a su tía Paty compraban sobres, organizaban listas con las estampas que les faltaban y recorrían mercados buscando las láminas necesarias para completar cada página. Ella tenía contactos en un tianguis donde conseguía estampas sueltas y cada domingo salía con las listas de ambos para intentar encontrar las más difíciles.
"Cuando ella murió, sus hermanas me dijeron que si yo quería conservar los álbumes y por eso es que de algunos tengo doble álbum", recuerda José Luis. Entre sus pertenencias todavía conserva varias listas escritas a mano por su tía, pequeños papeles que con el paso de los años terminaron adquiriendo un valor mucho mayor que cualquier objeto de colección.
Con el tiempo, la afición por el fútbol siguió creciendo. A los álbumes se sumaron camisetas, balones, figuras, rompecabezas y toda clase de recuerdos relacionados con los Mundiales. Sin embargo, los álbumes siguieron ocupando un lugar especial porque representan una época de su vida que aún permanece intacta en la memoria.
Incluso cuando la enfermedad apareció, el fútbol siguió siendo un vínculo entre ambos. José Luis recuerda que hace algunos años su tía atravesaba tratamientos de quimioterapia y, aun así, continuó acompañándolo a eventos relacionados con el Mundial. Entre los recuerdos que conserva hay fotografías junto al trofeo de la Copa del Mundo y algunas de ellas fueron tomadas precisamente al lado de ella.