El Real Madrid jugará la final de la Supercopa de España este domingo en Yeda (Arabia Saudí) ante el FC Barcelona tras imponerse en semifinales (1-2) a un Atlético de Madrid que acusó el gol antes de los dos minutos de Fede Valverde, que marcó un encuentro en el que los de Simeone dispusieron de más remates, pero sin el acierto necesario para, al menos, forzar los penaltis.
La energía de Valverde se impuso al minuto y 17 segundos. En una falta a más de 25 metros de la portería de Jan Oblak, quien erró al colocar una barrera en la que, también, Sorloth se puso de perfil en el lanzamiento, el uruguayo se preparó para hacer gala de una de sus grandes virtudes, el golpeo fuerte de balón. Colocó el esférico con mimo sobre el césped del Alinma Stadium, dio diez pasos atrás para coger carrerilla, cogió aire y soltó un ‘cañonazo’ que se coló en la portería rojiblanca.
Un pico de energía que demostró también en la celebración. Fede Valverde arrancó a correr, dándose golpes en la cabeza, se tiró al césped y, tras recibir la felicitación de sus compañeros, dedicó un grito al público, en inmensa mayoría madridista.
Un gol que puso de cara la semifinal para un equipo de Xabi Alonso que, sin embargo, no supo controlar. Abusó en la salida de balón de jugar en largo, sin recompensa, con un Thibuaut Courtois que tuvo que volver a aparecer para mantener por delante a los suyos.
Las más claras, de Sorloth de cabeza. En el minuto 33 y el 35. Primero, en un remate en el primer palo a la salida de un córner que Courtois sacó con una mano arriba. Y, la segunda, un remate del noruego en el segundo palo, sin oposición, que, sin embargo, mandó por encima de la portería; pareció ver tarde el balón y no colocó la cabeza para darle dirección.
Aunque con mayor sensación de peligro el Atlético de Madrid, Rodrygo pudo doblar la ventaja para el Real Madrid en el minuto 28. Álvaro Carreras ganó el balón en una disputa, tras corner del Atlético, a Baena, se impuso al espacio a Marc Pubill y apareció Rodrygo desde atrás para recortar a Gallagher y quedarse solo ante Oblak. Pero el brasileño, que llegaba al partido tras marcar dos goles y dar tres asistencias en sus últimas cuatro titularidades, remató flojo y centrado. Eso sí, pudo redimirse.