El fútbol moderno no solo se juega con las botas puestas sobre el césped; también se disputa, se analiza y se imparte justicia desde una cabina rodeada de pantallas, donde los segundos se congelan y las pulsaciones se elevan al máximo. En ese universo de pixeles y decisiones milimétricas, un nombre colombiano ha logrado grabar su firma con letras de oro: Nicolás Gallo.
Este domingo, a las 2:00 p. m. (hora de Colombia), cuando las selecciones de España y Argentina salten al terreno de juego para disputar la gloria eterna en la final del Mundial de Norteamérica, el árbitro ibaguereño de 39 años asumirá una de las responsabilidades más grandes de su carrera. Desde la cabina del VAR y AVAR, Gallo será el soporte tecnológico del juez central esloveno Slavko Vinčić. No es un escenario improvisado para él; es la cúspide de una metamorfosis profesional impecable.
El giro que cambió su destino
La historia de Gallo con el silbato comenzó en el rentado local allá por 2011. Durante años, recorrió las canchas del país imponiendo autoridad en el terreno de juego, llegando a dirigir cuatro finales de la Liga y dos de la Superliga colombiana. Sin embargo, el destino le tenía deparado un libreto diferente. Cuando la Comisión Nacional le retiró la escarapela como central, en lugar de dar un paso al costado, Nicolás abrazó el futuro: se decantó por las nuevas tecnologías.