Llegó la hora de la verdad. Caracas e Independiente Santa Fe se vuelven a ver las caras en una batalla de noventa minutos con un premio codiciado en el horizonte: el boleto a los octavos de final de la Copa Sudamericana, donde nada más y nada menos que River Plate espera paciente.
El León santafereño salta al terreno de juego con el viento a su favor. La noche bogotana en El Campín dejó una renta valiosa de dos goles, cortesía de las firmas de Hugo Rodallega y Franco Fagúndez. Ese colchón de 2-0 le permite al equipo cardenal gestionar la ansiedad, aunque en el fútbol continental la confianza desmedida suele pagarse cara. A los dirigidos por Pablo Repetto les basta con mantener la compostura, defender la diferencia o golpear de contragolpe para liquidar la historia sin sobresaltos.
En la otra cara de la moneda está el Rojo del Ávila. Herido pero no abatido, el conjunto venezolano sabe que no tiene margen de error ante su gente. Caracas necesita firmar una noche épica: ganar por dos goles para forzar la agonía de los penales, o lograr la hazaña por tres de ventaja para dar el zarpazo directo. La obligación es toda del local, que desde el pitazo inicial saldrá a presionar alto y asfixiar la salida albirroja.