Julianno Sosa no le incomoda hablar de su pasado, pero tampoco quiere quedarse viviendo ahí. En medio del BIME Bogotá, rodeado de artistas, ejecutivos y conversaciones sobre el futuro de la industria musical, el chileno parecía más interesado en hablar de transformación que de fama. De hecho, cada vez que la conversación regresaba a los excesos, la cárcel o los errores que marcaron parte de su vida, él insistía en llevarla hacia otro lugar: las segundas oportunidades.
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Porque si algo atraviesa hoy el discurso de Julianno Sosa es la idea de reconstruirse. El mismo artista que años atrás protagonizó titulares por problemas judiciales y episodios violentos en Chile, hoy habla de salud mental, disciplina, boxeo y paternidad. “Hoy soy una persona completamente nueva”, dijo durante su paso por Bogotá, donde participó en el BIME como uno de los representantes de la escena urbana chilena.
Había llegado apenas esa misma mañana a Colombia, pero aún así hablaba con entusiasmo sobre el vínculo que ha logrado construir con el público colombiano. Decía sentirse orgulloso de comprobar cómo su música ha conseguido atravesar fronteras y conectar con personas que jamás imaginó alcanzar. “La música logra traspasar barreras”, repetía, convencido de que ahí está el verdadero sentido de lo que hace.
En Chile, su presencia en el BIME fue leída como una muestra del crecimiento que ha tenido el género urbano del país durante la última década. Julianno cree que gran parte de esa identidad nace precisamente de la forma en que hablan los artistas chilenos. “Nosotros hablamos chileno más que español”, decía entre risas, explicando que el acento, las expresiones y la manera de escribir terminaron convirtiéndose en un sello reconocible dentro del reggaetón y el trap latinoamericano.
Sin embargo, rápidamente la conversación dejaba de girar alrededor de la industria musical para entrar en terrenos más personales. Juliano insistió en que los artistas sí tienen una influencia sobre quienes los escuchan, especialmente sobre los jóvenes. Aunque aclaraba que los problemas sociales no pueden reducirse únicamente a las canciones, también reconocía que él mismo sintió la necesidad de cambiar el mensaje que estaba transmitiendo. “Me gusta impactar e influenciar de una manera positiva a los muchachos”, afirmó.
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Por eso aseguró que transformó no solo sus letras, sino también su manera de vivir. Hoy no bebe, no consume drogas y encuentra en el boxeo una herramienta fundamental para mantener equilibrio emocional y disciplina. Incluso reconoció que le gustaría ver a muchos niños inclinándose más por el deporte que por la música, porque entiende que la industria artística también puede estar rodeada de excesos y dinámicas destructivas.
Aun así, tampoco intenta borrar quién fue. Dice sentirse orgulloso de haber sobrevivido a esa etapa porque, de alguna manera, todas esas experiencias terminaron construyendo a la persona que es hoy. “La segunda oportunidad, en mi caso personal, la busqué. Yo mismo la busqué, no la pedí”.