Explorar el mundo a través de los sentidos es una promesa irresistible, y más aún cuando el gusto es el guía principal. En entrevista con Kienyke.com, Alejandro Escallón, experto en mercadeo y creador del reconocido proyecto gastronómico B.eats, nos llevó por una travesía cargada de sabores, memorias y creatividad
Alejandro no solo ha convertido su amor por la comida en un fenómeno digital con miles de seguidores, sino que también lo ha cristalizado en un libro que es una carta de amor a los viajes, a la amistad y a los buenos bocados: ¿Dónde fuimos y qué comimos?
La idea del libro surgió como una extensión natural de su trabajo en redes sociales, donde durante más de una década ha documentado experiencias gastronómicas alrededor del mundo. "Este proyecto nació de nuestras vivencias. María Camila de Francisco, mi socia y amiga, y yo, compartimos muchos de estos viajes. Nuestros amigos nos pedían recomendaciones y decidimos convertir esas listas en algo más grande: una guía íntima, personal y anecdótica", comentó.
El resultado: una publicación ilustrada que recorre 16 ciudades en América Latina, Europa y Asia, incluyendo una parada esencial: Bogotá, la ciudad que vio nacer su primer emprendimiento digital bajo el nombre Bogotá Eats.
Bogotá, el punto de partida
Aunque el proyecto ha crecido y migrado hacia lo global bajo el nombre B.eats, Bogotá sigue siendo una referencia ineludible. “La capital me ha dado todo. Ahí nació todo esto y por eso el libro también la incluye con mucho cariño. Cerramos con Colombia porque muchos de nuestros platos y restaurantes están inspirados en estas experiencias”, aseguró.
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De todas las ciudades visitadas, hay una que se robó su corazón culinario: Tokio. “Japón es una locura. Desde una tienda de conveniencia hasta un restaurante Michelin, todo está hecho con rigurosidad y perfección. Incluso una de las mejores pizzas que he comido fue en Tokio”, relató. Para Alejandro, la obsesión japonesa por la especialización —restaurantes que solo hacen curry, sushi o guisos— eleva la experiencia a otro nivel.
Uno de los grandes retos del libro fue la decisión de prescindir de fotografías reales. “Las imágenes no transmitían lo que queríamos. Por eso lo ilustramos con ayuda de la agencia Melo en Banana. El resultado fue como un diario de viaje dibujado: cálido, personal, honesto”, afirmó el influencer.