Han pasado 40 años desde que el cantautor chileno Alberto Plaza se consolidó como uno de los grandes de la música romántica en Latinoamérica. Cuatro décadas después, con la misma sonrisa de siempre y una gratitud profunda por la vida, llega a Colombia para celebrar su historia, sus sueños cumplidos y su eterno vínculo con el público. Con la humildad de un maestro y la energía de un soñador, conversó con KienyKe.com sobre su gira sinfónica, su niñez creativa y la fuerza que nace de las caídas.
“Estoy feliz de estar en Colombia, feliz de celebrar esta historia con conciertos sinfónicos, vestido de gala, con grandes invitados y con el corazón lleno”, afirmó Alberto.
Desde el 4 de septiembre, su tour de aniversario recorrerá varias ciudades del país, comenzando en el Movistar Arena de Bogotá, en una noche inolvidable que reunirá lo mejor de su repertorio y a artistas como Felipe Peláez, Axel, Juan Fernando Velasco y dos invitados sorpresa que aún no puede revelar. A su lado, como maestro de ceremonias, estará el comediante Andrés López.
La esencia del romántico:
A lo largo de su carrera, Plaza ha sido fiel a un estilo que nunca pasa de moda: la canción de amor, la que acompaña y consuela, sin importar la generación.
“El ser humano sigue siendo el mismo. Cambian las formas, pero siempre queda ese rincón del alma que quiere una canción que diga algo, que toque el corazón”, dice con firmeza.
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Curiosamente, confiesa entre risas que es más romántico en sus canciones que en su vida diaria, aunque el amor ha marcado su historia personal con una familia de cinco hijos y una esposa que, como él dice, es “una bendición”. Su romanticismo se expresa también en su visión de la vida: optimista, solidaria y profundamente soñadora.
"Cuando uno quiere mejorar lo que ve, cuando quiere entregar un mensaje positivo, ahí hay mucho de romanticismo… Soy un Quijote convencido de que el mundo puede cambiar si empezamos por cambiarnos a nosotros mismos", señaló.
De niño soñador a ícono de la música
Al recordar su infancia, la emoción lo acompaña. Desde pequeño fue un inventor, un creador incansable. "Me hice mi propia mochila para ir al colegio con la máquina de coser de mi mamá. Soñaba, creaba, y la música era ese lugar mágico donde todo podía pasar".