La pelota pesaba una tonelada. El estadio Monumental estaba en silencio por un instante y todos los ojos estaban puestos en el punto penal. Del otro lado, más de 80.000 hinchas de River Plate esperaban que su equipo mantuviera con vida la serie.
Weimar Asprilla tomó distancia.
El arquero de Independiente Santa Fe había pasado de defender el arco a convertirse en el último cobrador de su equipo. Antes había detenido un penal. Ahora tenía en sus pies la clasificación a los cuartos de final de la Copa Sudamericana.
Corrió, golpeó la pelota y la mandó al fondo de la red.
8-7 para Santa Fe. River Plate eliminado. El equipo cardenal estaba entre los ocho mejores del torneo.
Y mientras Asprilla celebraba con sus compañeros en el césped del Monumental, en Colombia había una razón más para mirar aquella escena con emoción. El protagonista de la noche había nacido en Quibdó, Chocó, una tierra que apenas unas semanas atrás había sido golpeada por uno de los terremotos más fuertes registrados recientemente en el país.
En medio de ese contexto de dolor y reconstrucción, un hijo del Chocó acababa de escribir una de las páginas más importantes de su carrera.
El penal que cambió todo
Santa Fe había llegado al Monumental con la obligación de resolver una serie que estaba completamente abierta. El partido de ida, disputado en Bogotá, había terminado 0-0.
En Buenos Aires, River golpeó primero. Sebastián Driussi marcó el 1-0 al minuto 51 y puso a los argentinos en ventaja. Santa Fe resistió y esperó su oportunidad.
Llegó en el minuto 78.
Una mano de Lucas Martínez Quarta dentro del área fue sancionada como penal. Franco Fagúndez tomó la pelota y asumió la responsabilidad. Dos minutos después convirtió el 1-1 que llevó la definición hasta los penales.
La tanda se convirtió en un drama.
River y Santa Fe intercambiaron aciertos y errores. Los arqueros también tuvieron protagonismo. Santiago Beltrán, por el conjunto argentino, detuvo algunos cobros. Pero Asprilla también tendría su momento.
Facundo González se paró frente a él.
El remate salió defectuoso y el arquero cardenal respondió con los pies. Penal atajado. Santa Fe seguía con vida.
La serie avanzó hasta el límite. Llegaron los cobros de los jugadores de campo y, finalmente, el turno de los arqueros.
Beltrán tomó la pelota para River.
Tenía la oportunidad de mantener a su equipo en competencia, pero su disparo se fue por encima del travesaño. La serie estaba 7-7.
Entonces apareció Asprilla.
El hombre que había nacido en Quibdó y que durante años había recorrido el fútbol colombiano lejos de los grandes reflectores caminó hacia el punto penal.
Esta vez no tenía que atajar.
Tenía que marcar.
Y marcó.
8-7. Santa Fe a cuartos.
El arquero se convirtió así en el inesperado héroe de una noche que quedará en la memoria del club.